De niño, Miguel Secades quería saber cómo funcionaban las cosas. Los libros que le mandaban leer en el colegio le interesaban poco, pero podía quedarse absorto entre páginas sobre el universo, los egipcios o los sumerios. Aquella curiosidad sigue presente en El anillo de Salomón, una novela que reúne su pasión por las civilizaciones antiguas, los enigmas y las aventuras.
Nacido en Cornellana, en el concejo asturiano de Salas, Miguel trabajó durante años en el sector informático. Una jubilación anticipada cambió su rutina y la escritura le ofreció una ocupación que acabó entusiasmándolo: llevaba el portátil consigo y aprovechaba cualquier rato para continuar una historia cuyo desenlace también él estaba deseando descubrir. Sin embargo, el manuscrito quedó aparcado durante años. Fue su esposa quien lo animó a retomarlo y a terminarlo.
Hoy, con la novela publicada de forma independiente, vive la emoción de encontrarse con sus lectores y empieza a preparar una nueva aventura para Álvaro Ballester y Daniela Gil. En esta conversación nos habla de la documentación que sostiene su obra, de sus referentes literarios, de Asturias y de los retos de publicar por cuenta propia. También del vértigo de compartir lo escrito, del cariño que está recibiendo y de la familia que lo acompaña en esta etapa.
Miguel, naciste en Cornellana, en el concejo asturiano de Salas, y tu trayectoria vital ha recorrido caminos bastante diferentes antes de llegar a la literatura. Para comenzar, nos gustaría conocer al hombre que hay detrás del escritor. ¿Cómo recuerdas tu infancia y qué papel tenían los libros, la imaginación y las historias en aquellos años?
Pues la verdad es que cuando recuerdo mi infancia recuerdo a un niño demasiado inquieto y ávido por saber. Por saber cómo funcionaban las cosas, por saber sobre el universo, por saber sobre todo un poco en general. Y la verdad es que mi relación con los libros en aquella época era un poco dispersa, ya que por un lado odiaba todo lo que me mandaban leer en el colegio, no me gustaba nada de nada leer; sin embargo, cuando cogía un libro que hablase sobre ciencia, sobre el universo, sobre civilizaciones antiguas como los egipcios o los sumerios… ahí quedaba completamente absorto entre sus páginas. Para mí, por aquel entonces, estos libros eran mucho más interesantes que leer La Regenta, La Celestina o Cumbres borrascosas… Literatura muy buena, pero a mi entender no muy adecuada para niños.
Durante buena parte de tu vida trabajaste en el sector informático, hasta que una jubilación anticipada te obligó a replantearte tu rutina y tus proyectos. Has hablado públicamente de los problemas de salud que marcaron ese cambio. Mirando ahora hacia atrás, ¿cómo transformó aquella etapa tu manera de entender el tiempo y qué encontraste en la escritura que hasta entonces desconocías?
Hasta entonces jamás se me había pasado por la cabeza el escribir, me encantaba leer, sobre todo libros de ciencia, libros de historia antigua… En cuanto a ficción, me apasionaban los libros con misterios, con reliquias y con una amenaza constante hacia el protagonista. Sin embargo, cuando me retiraron por una enfermedad cardíaca, me encontré con que estaba todo el día en casa, sin hacer nada, y eso para una persona ávida de estar siempre con la mente ocupada era prácticamente como una cárcel, hasta que descubrí la escritura y se abrió un nuevo mundo para mí. La escritura llenó un gran vacío en mí y empecé a quedar inmerso en ella. Me llevaba mi portátil a todos lados y en el mínimo rato libre me ponía a escribir. Yo mismo estaba deseoso de saber lo que ocurriría con mis personajes.
El anillo de Salomón permaneció durante años como un manuscrito inacabado. En tu página web reconoces que uno de los motivos fue el vértigo que suponía terminarlo y enfrentarte a la opinión de los demás. ¿Qué fue lo que finalmente te hizo regresar a aquella historia y cómo viviste el momento de escribir su última página?
Sí, la verdad es que tuve aparcado El anillo de Salomón durante varios años. Tras unos cambios en mi vida y alguna mudanza, había dejado de escribir y después nunca me animaba a continuarlo. Como tú dices, quizás tenía algo de vértigo, hasta que conocí a mi esposa, que en cuanto le hablé de que había empezado a escribir una novela no paró de animarme y de insistirme constantemente con que la retomase y la terminase. Si no llega a ser por su insistencia, El anillo de Salomón seguramente seguiría aparcado en un fichero de mi ordenador.
Has reconocido abiertamente la influencia que tuvo en ti El código Da Vinci, de Dan Brown. Dentro de un género con referentes tan populares, ¿cómo has trabajado para encontrar tu propia voz narrativa y qué crees que diferencia El anillo de Salomón de otros thrillers históricos y arqueológicos?
Pues sí, de hecho, fue tras leerme El código Da Vinci, durante esa época en la que no sabía qué hacer con mi vida, cuando me animé a escribir. Quedé fascinado con esa novela y me dije a mí mismo: «¿Por qué no escribo yo algo así?». Y de ahí nació mi interés por empezar a escribir.
Además de Dan Brown, también me han influido autores como Matilde Asensi, especialmente con El último Catón, y Javier Sierra. Siempre me han atraído las historias en las que la historia, los enigmas y las antiguas creencias se entrelazan.
Creo que la clave está en aprender de los autores que admiras sin intentar convertirte en ellos. De cada uno puedes descubrir recursos narrativos que te gustan, pero después tienes que encontrar tu propia manera de contar las historias.
Con El anillo de Salomón quería crear una aventura en la que el lector sintiera la necesidad de seguir pasando páginas, descubriendo pistas y cuestionándose lo que creía saber. No escribí pensando en lo que supuestamente debía gustar al lector promedio, sino en la novela que a mí me habría gustado encontrar en una librería. Pensé que, si conseguía crear una historia que me apasionara a mí, quizá también lograría despertar esa misma pasión en otros lectores.
El anillo del rey Salomón es un objeto rodeado de leyendas, tradiciones religiosas y referencias esotéricas que se remontan a muchos siglos atrás. ¿Cuándo descubriste su historia y qué encontraste en ese mito para convertirlo en el eje de una novela de más de quinientas páginas?
Como te dije al principio, a mí desde muy pequeño siempre me gustaron las civilizaciones antiguas, los misterios, los mitos… Y muchas veces había leído sobre muchos «artefactos» antiguos con un misticismo muy especial, y el anillo de Salomón fue uno de los que más me llamó para escribir sobre ellos, ya que alrededor de él había muchos mitos y leyendas, muchas historias de las cuales no se sabe a ciencia cierta cuáles eran ciertas y cuáles solo un mito… Y eso me inspiró muchísimo a escribir sobre él.
Uno de los grandes atractivos del thriller arqueológico es que permite mezclar acontecimientos documentados, interpretaciones históricas y elementos puramente ficticios. ¿Cómo llevaste a cabo la investigación y qué criterios utilizaste para decidir dónde terminaban los hechos contrastados y comenzaban las licencias literarias?
Este, yo creo que es precisamente uno de los puntos fuertes de mi novela: la documentación. Literalmente me pasé muchísimo más tiempo investigando que escribiendo, pasé horas y horas investigando, leyendo por diferentes enciclopedias y documentos, para tratar de que mi novela fuera lo más fiel a la realidad posible. Incluso los mitos que cuento en mi novela sobre el anillo de Salomón son mitos que existen en la realidad desde tiempos inmemoriales y yo simplemente los cito en mi novela, no son inventados. Lógicamente, toda la historia que cuento con mis personajes y la trama y demás son ficticias; sin embargo, todas las localizaciones, las citas, los documentos o artefactos nombrados son todos completamente reales y documentados.
La novela conduce al lector desde Madrid hasta Jerusalén, las ruinas de Babilonia y la ciudad etíope de Axum. Son escenarios con un enorme patrimonio histórico y religioso. ¿Por qué elegiste precisamente esos lugares y cuál de ellos te resultó más complicado reconstruir con el nivel de detalle que necesitaba la historia?
Los elegí porque, precisamente tras las investigaciones que realicé, descubrí que son localizaciones muy ligadas realmente al anillo, lo que le daba verosimilitud a mi novela. Respecto a cuál se me complicó más reconstruir, fue sin duda alguna Axum, no solo porque es el lugar del que menos documentación hay, sino porque el lugar de Axum al que lleva la trama es un lugar al que ningún investigador ha podido acceder jamás; por tanto, sus interiores sí que han sido completamente imaginación del escritor.
Álvaro Ballester, el arqueólogo protagonista, se enfrenta a descubrimientos que ponen a prueba sus conocimientos y sus certezas. ¿Cómo construiste su personalidad y qué contradicciones querías explorar a través de un personaje formado para buscar explicaciones racionales que termina envuelto en misterios extraordinarios?
Construí a Álvaro Ballester como un hombre que necesita comprender las cosas antes de aceptarlas. Su formación como arqueólogo le lleva a buscar pruebas, contrastar información y desconfiar de las explicaciones que no resisten un análisis racional. Sin embargo, también quería que tuviera la suficiente curiosidad intelectual como para no cerrar los ojos ante aquello que contradice sus ideas.
La principal contradicción que quería explorar es precisamente esa lucha entre lo que sabemos, lo que creemos saber y lo que estamos dispuestos a aceptar. Para mí, la verdadera inteligencia no consiste en tener siempre una explicación, sino en ser capaz de cuestionar las propias certezas cuando aparecen evidencias que no encajan.
Álvaro no abandona su racionalidad a medida que avanza la historia, lo que se pone a prueba es su capacidad para convivir con preguntas que quizá no tengan una respuesta sencilla. Y creo que ahí reside buena parte del atractivo de la novela, ese punto en el que la historia, la ciencia y las antiguas creencias se encuentran, y el lector empieza a preguntarse dónde termina lo real y dónde comienza lo ficticio.
Junto a Álvaro aparece Daniela Gil, una joven asturiana cuya herencia familiar está relacionada con el secreto que impulsa la trama. ¿Cómo nació este personaje y qué importancia tiene su vínculo con Asturias dentro de una aventura que se desarrolla en escenarios tan alejados de nuestra tierra?
Daniela es precisamente el personaje que equilibra la novela; es ese contrapunto perfecto de Álvaro porque tiene muchas cosas en común con él, pero tiene una forma de ser completamente opuesta. Es como una bocanada de aire fresco, mucho más divertida, espontánea, natural y que no se calla las cosas. Además, tiene una mentalidad mucho más abierta hacia esos asuntos que van más allá de la ciencia y hace que en la novela haya cierta lucha ciencia-misticismo.
Además, Daniela realmente es el primer personaje que creé para la novela y, como buen asturiano que soy, Daniela no podía ser de otro lugar. Mi novela lleva a Álvaro y a Daniela por diversos países de Europa y África; sin embargo, Asturias es un punto clave en ella, no solo es donde transcurren el inicio y el final de la novela, es también un lugar clave donde el misterio arranca con fuerza.
En El anillo de Salomón intervienen organizaciones que persiguen un conocimiento supuestamente capaz de alterar el equilibrio del poder. ¿Qué te interesa más de esas sociedades secretas: su dimensión histórica, los rituales y símbolos que las rodean o la posibilidad de plantear conflictos sobre quién tiene derecho a custodiar determinados secretos?
En El anillo de Salomón aparecen tanto organizaciones secretas malvadas como otras más discretas, que en realidad no son tan secretas, porque tienen hasta página web y redes sociales.
Cuando empecé a escribir la novela era miembro bastante activo de una logia masónica, y siempre me habían llamado mucho la atención los símbolos y los rituales de este tipo de organizaciones. Quería incluir algo parecido en la historia, pero al final preferí no utilizar directamente la masonería. Como me gusta documentarme y describir las cosas con el mayor detalle posible, me daba miedo meter la pata al intentar recrear algo que conocía desde dentro o incluir algún detalle que no debía.
Por eso opté por crear otra sociedad parecida, de la que no conocía esos detalles. Así podía jugar con ella dentro de la novela y darle a la historia ese punto de misterio que buscaba.
Has explicado públicamente que tu acercamiento a la masonería influyó en tu interés por el simbolismo y las tradiciones iniciáticas. Sin entrar en aspectos que pertenezcan al ámbito privado de esas organizaciones, ¿cómo ha enriquecido esa experiencia tu mirada como escritor y qué diferencias encuentras entre la imagen que ofrece la ficción y la realidad que has conocido?
Haber formado parte de ese mundo me permite ver las diferencias entre la imagen que se tiene desde fuera y lo que yo conocí desde dentro. A veces, desde fuera, se tiende a pensar en estas organizaciones como algo mucho más misterioso de lo que realmente son, y creo que la ficción también ha contribuido a crear esa imagen.
En mi caso, esa experiencia me ha dado ideas para construir las organizaciones que aparecen en la novela y para jugar un poco con el lector. Me gusta que, mientras lee, no tenga del todo claro quién es de fiar, quién no, o qué importancia tiene realmente un símbolo o una pista. Poder utilizar lo que conocía de primera mano me ayudó a darle más realismo a esa parte de la historia.
Mantener la tensión durante más de quinientas páginas exige controlar el ritmo, las revelaciones y los numerosos hilos argumentales. ¿Cómo organizaste la estructura de la novela? ¿Planificaste desde el principio cada giro o permitiste que determinados acontecimientos y personajes modificaran el rumbo de la historia mientras escribías?
No sé si por ser mi primera novela o por qué, pero El anillo de Salomón tuvo un proceso creativo un tanto peculiar. Yo desde el principio planifiqué los personajes, planifiqué a grandes rasgos la trama, pero cuando digo que la planifiqué a grandes rasgos me refiero a que tan solo tenía definido cómo quería que comenzase el misterio, cómo quería que se resolviese al final y una o dos revelaciones por el medio. El resto de la novela fui fluyendo y dejé que los propios personajes me contaran a mí qué era lo que iba a pasar. Muchas veces incluso se metían en un aprieto gordo y yo mismo me preguntaba para mí mismo: «¿A ver cómo salen ahora de esta?». Y yo mismo iba descubriendo la trama según la iba escribiendo.
Creo que, en parte, ese proceso tan abierto y poco estructurado también ayudó a que la novela consiguiera mantener el misterio durante las 500 páginas.
Antes de convertirte en novelista pasaste años trabajando con sistemas informáticos, una profesión que exige lógica, planificación y atención al detalle. ¿Reconoces esa forma de pensar en tu proceso creativo? ¿Eres metódico cuando escribes o la imaginación termina imponiéndose incluso cuando llevas la trama perfectamente organizada?
Cierto que mi trabajo exigía mucha planificación y método; sin embargo, como comenté en la pregunta anterior, en El anillo de Salomón la planificación fue muy escasa y lo iba dejando todo a la imaginación, eso incluso me animaba a seguir escribiendo, ya que quería saber cómo continuaba la trama o cómo se resolvían según qué misterios.
Para la segunda novela ya lo estoy planificando todo mucho más, no sé si el resultado será mejor o peor, eso el tiempo y los resultados lo dirán. Pero de lo que sí estoy seguro es que, por más que planifique y estructure, a la hora de meter las manos en la masa estoy completamente seguro de que mi imaginación empezará a volar y en más de una ocasión me saltaré la estructura que yo mismo estoy haciendo.
Has optado por publicar El anillo de Salomón de forma independiente mediante Amazon KDP. ¿Qué te llevó a elegir ese camino editorial y cuáles han sido las principales dificultades que encontraste al tener que asumir decisiones que, en una editorial tradicional, suelen repartirse entre diferentes profesionales?
Yo en un principio tenía en mente publicar con editorial tradicional, el problema es que yo terminé la novela en octubre y a esas alturas de año ya ninguna agencia ni editorial aceptaban manuscritos, ya que tenían ya el catálogo cerrado. La única que llegó a aceptarme el manuscrito y a contestarme que lo evaluarían fue HarperCollins, pero luego durante meses no tuve más noticias de ellos.
Por febrero/marzo me empezaron a entrar las prisas y al final decidí publicar yo mismo mediante Amazon KDP, lo cual fue un auténtico reto, ya que por un lado no sabía nada de cómo se publicaba en esa plataforma, y por otro lado todo el peso recayó sobre mí. Teniendo que maquetar, hacer la portada y demás todo por mí mismo. Al principio me costó bastante, pero cuando por fin tuve la novela en mis manos, todo ese trabajo cobró sentido.
Desde su publicación, la novela ha comenzado a recorrer librerías, presentaciones y comunidades de lectores. ¿Cómo estás viviendo ese contacto con el público? ¿Ha habido alguna reacción, comentario o interpretación de la historia que te haya sorprendido o que incluso te haya hecho contemplar alguno de tus personajes desde otra perspectiva?
La verdad es que fue un poco una locura, me encontré con que lógicamente tenía que promocionar mi novela desde cero, siendo un absoluto desconocido, y tenía que hacer llegar mi novela al mundo y convencerles de que realmente vale la pena. Al principio fue muy duro y frustrante, pero luego poco a poco empecé a recibir el cariño y los comentarios positivos de la gente y eso me dio un subidón de moral impresionante.
Uno de los momentos que recuerdo con más cariño fue la primera vez que me pidieron un libro firmado. Un chico de las Islas Canarias me escribió pidiéndome el libro, pero quería que se lo dedicase y firmase, eso ya en sí me hizo una ilusión que no te puedes ni imaginar, pero luego le dije que él estaba en Canarias y que seguramente el envío fuese más caro y su respuesta me dejó helado, ya que me dijo: «No importa, es una inversión». Por un momento hasta me subió el ego y me hizo sentir casi como si fuese Dan Brown.
Luego siguieron llegando cosas muy bonitas, reseñas por redes sociales con comentarios súper positivos por la novela, viví por primera vez una presentación, y ahora estoy esperando deseoso y con nervios mi primera feria literaria, que será en FELIN Oviedo y que estoy seguro de que será un día inolvidable.
En tu página oficial presentas El anillo de Salomón como el comienzo de una saga. ¿Qué puedes adelantarnos sobre su continuación? ¿Volveremos a acompañar a Álvaro y Daniela en una nueva investigación? ¿Tienes decidido el misterio que vertebrará la siguiente novela y en qué fase se encuentra actualmente ese proyecto?
Precisamente estoy ahora mismo empezando a trabajar en ella, definiendo bien la trama, la estructura, personajes y demás. Y como spoiler, sí, volveremos a contar con Álvaro y Daniela, y esta vez se adentrarán en una aventura mucho más seria y profunda y con un trasfondo moral muy fuerte en el que, estoy seguro, más de un lector empatizará y se pondrá del lado del «malo» de la novela.
Para terminar, dejemos a un lado los manuscritos, la arqueología y las sociedades secretas. Después de una trayectoria personal marcada por cambios importantes, ¿qué cosas disfrutas especialmente en tu vida cotidiana? ¿Qué ilusiones te quedan por cumplir y cómo te gustaría que evolucionara esta nueva etapa que has iniciado como escritor?
Lo que más disfruto, sin ningún género de duda, es mi familia. Amo pasar el tiempo con ellos, disfruto inimaginablemente simplemente con su mera compañía y son el motor que me inspira y me hace seguir adelante. Mi esposa es la que me animó a terminar El anillo de Salomón y es la que me sigue animando para que siga escribiendo. Y yo no sé adónde me llevará mi carrera de escritor, si llegaré a ser un escritor de fama internacional o si tan solo comprarán mis libros mis amigos y familiares; lo que sí sé es que voy a disfrutar cada momento que esta nueva faceta me está brindando, hasta el último segundo.
