Rubén Siñeriz: la memoria de quienes nos trajeron hasta aquí

Entrevista a Rubén Siñeriz Fernández con su guitarra y la portada de De aquellas mujeres, nosotros. Poemas de memoria y derrota.

Rubén Siñeriz Fernández se presenta hablando de sus padres: ella nació en Ema, en Allande; él, en Piñeira, en Boal. Rubén nació en Llaranes, el barrio obrero de Avilés, y se reconoce en esa generación de hijos de la emigración del campo a la ciudad. Los pueblos de su familia, las vidas que quedaron atrás y el esfuerzo de quienes tuvieron que marcharse ocupan un lugar central en su poesía.

La muerte de su padre, en 2024, le llevó a escribir con una dedicación que apenas había conocido en su juventud. De esa necesidad de hablar con los ausentes y recoger recuerdos nació Retales a fondo perdido. Después llegó De aquellas mujeres, nosotros. Poemas de memoria y derrota, dedicado a las madres, abuelas y bisabuelas cuyo trabajo sostuvo a sus familias y recibió tan poco reconocimiento.

Funcionario y poeta, Rubén lleva sus versos a bibliotecas, ferias y residencias de mayores, y acompaña algunos recitales con la guitarra. Hablamos con él de las canciones que escuchaba junto a su hermano, del embalse de Salime y sus pueblos sumergidos, de las historias que le confían sus lectores y de los nuevos poemas que está preparando sobre la emigración.

Rubén, antes de entrar en tus libros, nos gustaría conocer a la persona que hay detrás del poeta. ¿Cómo te definirías y qué papel ha desempeñado la escritura a lo largo de tu vida?

Siempre me gusta decir cuando me preguntan que diga algo de mí, que mi madre nació en Ema, una aldea del concejo de Allande y mi padre nació en Piñeira, una aldea del concejo de Boal y que yo soy hijo de la emigración de los pueblos a las ciudades, nacido en el barrio obrero de Llaranes en Avilés. Esa es mi biografía. La biografía de un escritor tardío, ya que apenas llevo dos años escribiendo sin contar los 10 o 12 poemas que escribí cuando era más joven. Por eso estoy disfrutando de estos momentos tan novedosos para mí desde la perspectiva de una persona de 56 años, con todas las vivencias que he tenido y que estoy plasmando en un papel. Lógicamente parece que tenía muchas cosas que escribir después de tantos años.

Explicas que tu hermano fue una figura fundamental en tu acercamiento a la poesía, especialmente a través de la música de Paco Ibáñez y los versos de autores como García Lorca o Rafael Alberti. ¿Qué recuerdos conservas de aquellos descubrimientos y cuándo empezaste a sentir la necesidad de escribir tus propios poemas?

Mi hermano me saca siete años, entonces todo lo que él escuchaba y leía yo también lo hacía indirectamente, por eso los veranos escuchando en el pueblo a Serrat y Paco Ibáñez me marcaron para mi personalidad y lógicamente a la hora de escribir. Tanto uno como otro han dado visibilidad a muchos poetas y eso me ha influido: Machado, Hernández, Blas de Otero, Gabriel Celaya, Neruda…

Tu vida profesional se ha desarrollado como funcionario, mientras que la poesía ha ocupado un espacio muy diferente. ¿Cómo conviven esas dos facetas? ¿Escribir supone para ti una forma de desconectar de la rutina o responde a una necesidad personal más profunda?

Me considero un privilegiado por mi trabajo de funcionario pues me permite tener tiempo libre para hacer otro tipo de cosas. Ahora estoy volcado en escribir, presentar los libros e ir allá donde me llaman. Así que compatibilizando las dos cosas perfectamente.

Curiosamente en el autobús de camino al trabajo surgen ideas, versos. Es interesante ver los comportamientos de la gente, alguna palabra suelta, alguna noticia. Todo se aprovecha.

Tu primer poemario, Retales a fondo perdido, reúne textos escritos en diferentes momentos de tu vida, algunos con varias décadas de antigüedad. ¿Cómo fue enfrentarte a aquellos poemas desde la perspectiva del hombre que eres hoy? ¿Reconoces en ellos a la misma persona o encuentras una mirada muy distinta sobre la vida?

La verdad deseché algunos porque no habían envejecido como yo hubiera querido, otros los retoqué un poco, pero tenía claro que quería publicar los que me gustasen aunque algunos tuvieran casi 40 años. Mejor o peor eran míos, merecían un respeto, así que ahí están en el libro.

El título Retales a fondo perdido tiene una sonoridad muy evocadora. Sugiere fragmentos de existencia, recuerdos y experiencias que permanecen aunque el tiempo avance. ¿Cómo surgió ese título y qué significado tiene para ti?

Precisamente porque eran poemas de momentos distintos, trozos, pedazos, retales de una vida, de ahí el título. Y lógicamente la portada, unas ruinas, unos retales de un sitio que tuvo vida y ahora son recuerdos con un fondo evocador de los tiempos que fueron, de los tiempos perdidos.

Una de las partes más íntimas del libro está dedicada a tus padres. Cuando escribimos sobre personas tan cercanas, la literatura puede convertirse en una forma de conversación que continúa incluso después de una pérdida. ¿Qué sentimientos experimentaste al escribir esos poemas y hubo alguno que te resultara especialmente difícil compartir públicamente?

El fallecimiento de mi padre en 2024 fue el motivo por el que estoy escribiendo. Si él estuviera yo no habría escrito nada. Su ausencia y la de mi madre hace ya unos años dejó un vacío, una especie de deuda que tenía con ellos, preguntas que no les hice, “te quieros” que se quedaron sin decir. Como digo en un poema “Ya sé que es tarde”, pero fue la forma que encontré para hablar con ellos a través de versos, agradecerles, poner en valor la vida de esas generaciones arrancadas de los pueblos. Precisamente con el poema “Papá”, que es el origen de todo me cuesta a veces no emocionarme.

Tu padre participó en la construcción del embalse de Salime y aquellas experiencias familiares tienen presencia en tus versos. También aparecen A Paicega y las poblaciones que desaparecieron bajo las aguas. ¿Qué importancia tiene para ti conservar la memoria de esos lugares y de quienes vieron transformarse su mundo?

Así es, el 25 de mayo de 1948, con 15 años y 3 meses fue su primer trabajo. Fue una gran oportunidad para aquellos tiempos de miseria y posguerra, para aquellas gentes que vinieron de toda España en busca de futuro. Trajo consigo accidentes con fallecidos. Era mano de obra poco cualificada y condiciones de seguridad precaria en una obra ingente. Y la parte en que me centro, los 14 pueblos que quedaron bajo las aguas acabando con modos de vida, iglesias, cementerios, fincas, aquellas casas construidas piedra a piedra por sus ancestros. Fue muy duro para esas gentes tener que marcharse.

Los pueblos, sus gentes ocupan un lugar destacado en Retales a fondo perdido. ¿Qué historias de tu entorno familiar te marcaron más y qué reflexiones te provoca comparar aquellos tiempos tan duros con los de ahora?

Tanto en Retales como ahora con “De aquellas mujeres, nosotros” se pretende dignificar aquellos tiempos tan complicados, poner en valor de donde venimos. En mi caso con padres que nacieron en aldeas del Suroccidente eso te marca mucho. Ahora salen esos versos como memoria. Muchos de mis poemas los arranco de aquellas tierras: “1146. Puerto del Palo”, “Es Allande, es Asturias”, “Villarpedre”, “A Paicega”, “Camino de Tamagordas”, “Pueblo”.

El poemario termina con una parte titulada Soliloquios existenciales en voz alta, donde utilizas la prosa poética para reflexionar sobre la sociedad. ¿Qué situaciones o comportamientos del mundo contemporáneo te generan una mayor necesidad de escribir? ¿Hay algo que te preocupe especialmente como ciudadano y como poeta?

Estamos en unos tiempos muy complicados como país, como mundo, como sociedad. Sinceramente no le veo mucha solución ahora mismo, deberíamos resetearnos como ciudadanos pero no interesa, al menos yo no lo veré, así que la forma que encuentro es manifestar mi descontento con poemas, sin más pretensiones, ni más recorrido. Como decía Gabriel Celaya al final de sus días, tenía la sensación que no había servido para nada su poesía social, de denuncia. Así que si él lo dice poco puedo aportar yo.

En tu segundo libro, De aquellas mujeres, nosotros. Poemas de memoria y derrota, diriges la mirada hacia las madres, abuelas y bisabuelas que sostuvieron a sus familias en circunstancias muchas veces extremadamente difíciles. ¿Cómo nació la necesidad de dedicarles una obra y qué encontraste en sus historias que sentías que todavía necesitaba ser contado?

Fueron las grandes silenciadas, mujeres que no pudieron elegir la vida que hubieran querido o soñado. Su destino ya estaba trazado, como reflejo en un verso de mi poema “Mujeres de antes”, enraizaron su juventud a la tierra. Estaban subordinadas a aquellos tiempos y en muchos casos a los hombres con los que compartieron vida.

El título De aquellas mujeres, nosotros parece encerrar una idea muy poderosa: buena parte de lo que somos procede del esfuerzo de mujeres cuyo trabajo permaneció demasiado tiempo invisible. ¿Qué querías expresar con ese «nosotros» y qué responsabilidad crees que tenemos las generaciones posteriores a la hora de reconocer aquel legado?

Lo que pretendo decir, no es que seamos los herederos de ellas, sino que de su esfuerzo y sacrificio nosotros hemos heredado la calidad de vida que disponemos hoy en día.

Escribir sobre mujeres de otras épocas implica acercarse a realidades que no siempre hemos vivido directamente. ¿Cómo trabajaste la documentación, los testimonios y los recuerdos para trasladar sus experiencias al papel sin idealizar el pasado ni perder la autenticidad de sus voces?

El libro lleva fotografías que me cedieron los amigos, los familiares donde salen estas mujeres, sus madres, sus abuelas, sus bisabuelas, así como las historias que me cuentan. Luego en las presentaciones, el público asistente que vivió esos tiempos o que recuerda a sus madres me cuenta sus propias historias. En Riaño una mujer me regaló un pequeño libro que había escrito su madre sobre la matanza de 13 hombres y mujeres en el cementerio de Tiraña. El próximo 21 de abril espero estar acompañándoles como hacen todos los años. De hecho estoy escribiendo un poema dedicado a ellos.

En tus dos poemarios existe una preocupación común por quienes vivieron grandes sacrificios y recibieron poco reconocimiento. ¿Crees que la poesía tiene cierta obligación de preservar la memoria colectiva o consideras que el compromiso social debe surgir de manera espontánea, sin imponerse como una responsabilidad al escritor?

Así lo entiendo yo, es mi forma de escribir. Poesía de compromiso, de urgencia, poesía social, de reconocimiento. Que no se olviden lo que vivieron no hace tanto nuestros antepasados, poner en valor sus sacrificios, sus modos de vida tan distintos a los nuestros de hoy en día.

Desde diciembre de 2025 participas en actividades de lectura poética en residencias de mayores. ¿Cómo nació esa iniciativa y qué has aprendido de esos encuentros? ¿Ha habido alguna conversación o reacción de los residentes que te haya emocionado o que incluso haya cambiado tu manera de entender alguno de tus poemas?

Sin duda, de los mejores momentos que estoy viviendo. Es muy emocionante, los propios residentes leen poemas sobre la temática que hayamos previsto más o menos cada dos meses, también leen los familiares, trabajadores, y la gente que me acompaña.

Da gusto verlos como repasan el texto que tienen que leer, como se ponen nerviosos, como se emocionan. Residentes como Tomás con 100 años que cumplirá el próximo 7 de abril, Olimpio, Ángeles…

Tus presentaciones literarias tienen una particularidad: procuras acompañar la lectura con música de guitarra. ¿Qué aporta la música a tus versos y cómo cambia la experiencia de un poema cuando pasa de la intimidad de una página a ser escuchado por un público?

Son acompañamientos en forma de rasgueos o arpegios para algunos de los poemas que recito, o bien míos o alguno de los poemas que me acompañan durante las presentaciones. Le da un toque distinto a la hora de recitar.

Has llevado tus libros a numerosas localidades asturianas y participado en encuentros como la Feria del Libro de Oviedo o la Semana Negra de Gijón. ¿Cómo está siendo la respuesta de los lectores? ¿Has descubierto diferencias entre presentar tus poemas en una gran ciudad y hacerlo en pequeños pueblos donde muchas de las historias que cuentas resultan especialmente cercanas?

Todo tiene su encanto, por supuesto que las presentaciones las disfruto mucho porque durante una hora puedo explicar todo el repertorio que lleve preparado. En las ferias es más inmediatez y una faceta más comercial donde no me encuentro tan cómodo pero que sirve de contacto con aquel público que no conozco. El próximo año haré unas cuantas ferias del libro.

Después de Retales a fondo perdido y De aquellas mujeres, nosotros, ¿qué nuevos proyectos tienes entre manos? ¿Estás preparando otro poemario, te gustaría explorar la narrativa o hay alguna historia que lleves tiempo queriendo contar y para la que todavía no hayas encontrado la forma adecuada?

Pues, volveremos a rescatar historias del siglo pasado, historias de la emigración, aquellas gentes que se fueron huyendo de los pueblos buscando un futuro en América, aquellos que marcharon de los pueblos a las ciudades porque los pueblos ya no daban para más (como es el caso de mis padres). También otro tipo de emigración como fue la de los niños evacuados a Rusia, México por la guerra civil. En definitiva no olvidar los tiempos que tuvieron que vivir nuestros antepasados.

Para terminar, volvamos a Rubén, la persona que existe fuera de los libros, las presentaciones y la escritura. ¿Qué cosas te hacen verdaderamente feliz en tu día a día? ¿Qué sueños te quedan por cumplir y qué te gustaría que permaneciera de ti, de tus palabras y de tus recuerdos cuando hayan pasado muchos años?

Apenas llevo dos años escribiendo y aprendiendo de este mundo de la escritura a pesar de tener casi 57 años. En tres años podré jubilarme y pretendo descubrir más plenamente este hobby que es la escritura y en definitiva hacer aquello que me guste en cada momento. Esa es mi filosofía de vida.

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@rubensineriz

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