Entrevista a Ainoha González: heridas, amor y segundas oportunidades en A puerta cerrada

Entrevista a Ainoha González, autora de A puerta cerrada

Hablar con Ainoha González es acercarse a una autora que escribe desde un lugar muy sincero. Detrás de A puerta cerrada hay recuerdos difíciles, mucho trabajo y, sobre todo, una mirada llena de sensibilidad hacia quienes aprenden a reconstruirse.

Ainoha nació en Cartagena, creció en Pelayos de la Presa y empezó a llenar cuadernos de historias cuando todavía era una niña. Con el tiempo, aquella necesidad de expresar lo que sentía terminó convirtiéndose en su primera novela, publicada en 2026 por Círculo Rojo.

En esta entrevista se muestra cercana, valiente y generosa. Hablamos con ella sobre la parte autobiográfica de la obra, la música como refugio, el amor sin milagros, el proceso editorial y los proyectos que ya empiezan a ocupar sus próximos cuadernos.


Ainoha, antes de hablar de A puerta cerrada, nos gustaría conocer a la mujer que hay detrás de la escritora. Naciste en Cartagena y creciste en Pelayos de la Presa. ¿Cómo te definirías hoy y qué cosas disfrutas especialmente cuando consigues dejar a un lado las responsabilidades y los manuscritos?

Me defino como una guerrera, una mujer fuerte, con carácter y pasión. Pero también soy esa mujer que posterga pequeñas cosas. Disfruto mucho coloreando mientras escucho música, leyendo, pasando tiempo con mi familia, saliendo a tomar algo y disfrutando de los momentos de silencio. Esos pequeños placeres de la vida que a veces no valoramos.

Has contado que empezaste a escribir siendo una niña y que todavía conservas aquellos primeros cuadernos. Si pudieras sentarte hoy junto a esa pequeña Ainoha que inventaba historias, ¿qué crees que te sorprendería más de ella? ¿Has vuelto a leer aquellos textos y has reconocido en ellos alguna característica de la escritora que eres actualmente?

He de decir que no he vuelto a leer aquellos manuscritos. Tengo varios cuadernos llenos de ideas, de pequeños relatos. Si pudiera sentarme con mi yo de aquella época, le diría que sea fuerte, que todo termina pasando y que no dejase de escribir. Lo que más me sorprendería de ella sería su fuerza interior, cómo ha sido capaz de aguantar sin caer.

Como lectora disfrutas de géneros muy diferentes, desde la novela romántica hasta el thriller policial, las conspiraciones, la supervivencia o la fantasía. ¿Qué autores y obras han marcado tu formación literaria? ¿Qué debe tener una novela para conseguir que te olvides completamente del mundo que te rodea?

Siempre me ha gustado la pluma de Dan Brown, la manera que tiene de atrapar al lector. También me he leído todo de Elísabet Benavent; tiene una manera de describir el amor que lo hace real, con situaciones del día a día, y consigue que el lector se identifique con los personajes. Para olvidarme del mundo necesito que me atrape desde el primer momento, ya sea con una historia de amor o con un misterio. Necesito un gancho que me llame.

Hay un detalle muy curioso en el nacimiento de A puerta cerrada: la idea comenzó a tomar forma mientras escuchabas música de Michael Jackson. ¿Recuerdas qué canción sonaba y qué imágenes o emociones despertó en ti? ¿Sueles utilizar la música como inspiración o aquella conexión fue algo excepcional?

Soy fan de Michael Jackson desde pequeña; siempre sentí una conexión especial con él. Los dos tenemos pasados marcados por la violencia intrafamiliar. No recuerdo cuál fue la canción exacta, pero la idea que se formó en mi cabeza empezó como una manera de darle una historia de amor distinta, una en la que se le viera por quién era y no por el producto que creían que era. Fue una manera de darle una vida alternativa. La música me calma. Soy una persona con ansiedad generalizada y la música consigue que mi cerebro desconecte; de esa manera me dejo llevar por las sensaciones y las imágenes aparecen solas en mi cabeza. Además, me encanta soñar despierta.

El título de tu novela tiene una fuerza especial porque una puerta cerrada puede representar protección, intimidad, aislamiento o un secreto. En una entrevista explicaste que aludía al espacio donde los protagonistas comienzan a conocerse. ¿Cómo trabajaste ese simbolismo para que las puertas, tanto las reales como las emocionales, adquirieran distintos significados a lo largo de la historia?

Simplemente plasmé cómo lo siento. Para mí, las puertas significan oportunidad, pero también protección. A veces una puerta bloquea el paso por miedo a que salga lo que hay dentro y, otras veces, una puerta cerrada te da la oportunidad de tu vida.

Ana, la protagonista, tiene veintitrés años y ha tenido que reconstruirse después de una infancia muy difícil. ¿Cómo nació este personaje y qué rasgos de su personalidad fueron apareciendo mientras escribías? ¿Hubo alguna decisión suya que te sorprendiera o que te obligara a replantearte una escena?

Ana es una versión de mí misma. Yo tuve que sobrevivir a un infierno en el lugar donde debería haberme sentido segura. Aprendí a callar para pasar inadvertida, a respirar bajito para no molestar, pero también aprendí a ser fuerte por mí misma, a renacer, a sobrevivir. Tuve la suerte de que Ana me hablara durante la creación; solo me dejé llevar por ella.

Has explicado que la novela nació de recuerdos personales, pero que terminó convirtiéndose en una historia centrada en la posibilidad de seguir adelante. ¿Cómo encontraste el equilibrio entre lo vivido y la ficción? ¿Qué te permitió contar a través de Ana que quizá habría sido más difícil expresar desde una narración autobiográfica?

Todo lo relacionado con el pasado de Ana es una mezcla de verdad y ficción. Encontré el equilibrio en la verdad: no quería adornarlo, romantizarlo o hacerlo demasiado cruel. Busqué con mucho cuidado las palabras para que, si algún lector se siente identificado, no duela más que el recuerdo real. Lo más difícil fue la parte del intento de abuso, porque esa parte sí es real, aunque el personaje y el lugar fueron cambiados.

Uno de los grandes riesgos al escribir sobre personajes que han atravesado experiencias dolorosas es que el lector termine conociéndolos únicamente por sus heridas. ¿Qué aspectos de Ana quisiste desarrollar para mostrar también su humor, sus deseos, sus contradicciones y todo aquello que la convierte en una mujer con identidad propia?

Quise desarrollar su personalidad fuerte. Es una mujer muy segura de sí misma, una mujer que ha labrado su propio futuro, que ha luchado por lo que tiene y que sabe lo que quiere de la vida… hasta que aparece ÉL, claro.

La madre de Ana tiene un papel importante en el camino que emprende la protagonista. Las relaciones familiares pueden ser un refugio, pero también están llenas de matices y dificultades. ¿Cómo construiste el vínculo entre ambas y qué querías explorar sobre las distintas maneras de acompañar a alguien que intenta empezar de nuevo?

Construí el vínculo basándome en la relación con mi madre. Nosotras hicimos un gran equipo para salir del pozo en el que quedamos tras la muerte de mi padre; plasmarla en el libro ha sido mi manera de homenajearla. En el caso de Ana, su madre y su amiga Noelia son dos pilares muy fuertes. Quise mostrar cómo cada una tiene su propia manera de apoyarla.

En A puerta cerrada, Ana encuentra personas que le permiten recuperar poco a poco la confianza. ¿Cómo trabajaste esas relaciones para que resultaran creíbles? ¿Qué importancia concediste a los pequeños gestos cotidianos frente a las grandes declaraciones cuando un personaje necesita sentirse seguro y comprendido?

He tenido la suerte de conocer personas maravillosas a lo largo de mi vida. El personaje de Noelia está basado en una amiga real que lleva años en mi vida, que me ha visto reír y llorar, pero, sobre todo, ha estado en los peores momentos y nunca se fue. Este libro está lleno de la gente que quiero; cada uno me ha ayudado a transmitir sentimientos, credibilidad y autenticidad.

En el otro extremo de la historia aparece un hombre que, aparentemente, tiene todo cuanto podría desear, pero que arrastra una profunda soledad. Es un contraste muy interesante con la situación de Ana. ¿Cómo construiste su personalidad y qué querías transmitir mediante el encuentro de dos personas cuyas vidas parecen tan diferentes?

Su personalidad es una mezcla de cómo yo veía a Michael Jackson y de mi propia soledad. Lo que quiero transmitir con el encuentro es un reconocimiento de almas dañadas. Al final son dos niños con miedo en un rincón de la habitación que actúan como adultos. Por eso no quise que tuvieran el típico flechazo.

Has elegido París como escenario de un encuentro decisivo entre los protagonistas. Es una ciudad muy utilizada en las historias románticas, pero también ofrece rincones y atmósferas capaces de contar algo más. ¿Qué relación personal o literaria tienes con París y por qué sentiste que era el lugar adecuado para ese momento de la novela?

Nunca he visitado París; es un viaje que tengo pendiente. Pero me dejé llevar por el cliché de la ciudad, por la ambientación romántica. Que el encuentro sea en el Museo del Louvre, delante de las estatuas más bellas, pero también las más frías por el material usado, me pareció una metáfora preciosa para lo que quería transmitir.

En muchas novelas románticas se presenta el amor como una solución casi milagrosa a los problemas personales. Sin embargo, recuperar la confianza después de determinadas experiencias exige tiempo y decisiones propias. ¿Cómo abordaste la relación entre Ana y el otro protagonista para que el amor formara parte de su evolución sin convertirse en la única respuesta a sus dificultades?

La relación entre los personajes empieza siendo más un ancla de realidad, sobre todo para ÉL. Ana, por primera vez en su vida, se deja llevar por alguien que no conoce, pero al que le ve el alma limpia y rota que tiene. Ambos tienen sus vidas, ambos son adultos funcionales con responsabilidades, y creo que es un error muy común que cometemos cuando nos centramos tanto en el amor que nos olvidamos del resto.

Aunque A puerta cerrada aborda asuntos delicados, también contiene una historia sentimental y una búsqueda de felicidad. ¿Qué importancia tienen para ti los momentos de ternura, humor o complicidad dentro de una narración emocionalmente intensa? ¿Te resultó más difícil escribir las escenas dolorosas o aquellas en las que los personajes empiezan a permitirse disfrutar?

Los momentos de ternura me parecen súper necesarios para dos personas que han aprendido que la soledad era lo que les deparaba la vida. Sentir que pueden ser tratadas con amor, con delicadeza, que pueden reír y ser ellas mismas, es el pistoletazo de salida a una relación sana que suma, pero no sana milagrosamente. Me costaron ambas escenas: las dolorosas, porque me removían mucho por dentro, y el resto, porque yo misma he estado en esa situación de culpabilidad por disfrutar.

En tu biografía explicas que comenzaste a escribir como una forma de expresar emociones y sentimientos. Con los años, esa necesidad personal ha terminado convirtiéndose en una novela publicada. ¿Cómo ha evolucionado tu relación con la escritura? ¿Qué parte de tu proceso sigue siendo espontánea y qué has tenido que aprender sobre estructura, corrección y construcción de personajes?

Esta primera novela ha tenido demasiadas correcciones. Yo no tengo formación literaria y he cometido muchos fallos tontos. Ahora estoy haciendo cursos en los que me enseñan a estructurar y a crear buenos personajes.

A puerta cerrada se publicó en 2026 con Círculo Rojo. Para una autora que llevaba tantos años guardando historias, ver una de ellas convertida en un libro debió de ser un momento importante. ¿Cómo viviste el proceso editorial y qué sentiste al tener el primer ejemplar en las manos? ¿Hubo alguna dificultad que no hubieras imaginado antes de publicar?

El proceso editorial fue una auténtica montaña rusa de emociones. Cada vez que dábamos un paso y veía cómo mi manuscrito iba cogiendo forma de libro, la emoción me invadía. Cuando recibí los ejemplares en casa, chillé de emoción al ver mi libro físicamente. Creo que lo que más me costó del proceso editorial fueron los tiempos; yo tenía una percepción muy distinta.

En junio adelantaste que A puerta cerrada es la primera parte de una bilogía y que ya estabas trabajando en su continuación. También mencionaste otros proyectos y tu actividad en una plataforma donde se publican historias por capítulos. ¿En qué punto se encuentran actualmente esos trabajos? ¿Qué puedes adelantarnos de la segunda novela y qué otros géneros te gustaría explorar en el futuro?

Así es. Estoy trabajando en la segunda parte y, además, en una tercera novela romántica independiente. Por el momento me quedo con el género romántico, aunque más adelante me gustaría probar a escribir un thriller. De momento, la historia de la plataforma la tengo un poco olvidada porque no me da tiempo a todo. Os puedo adelantar que se tocarán temas sensibles como la ansiedad.

Para terminar, volvamos a la Ainoha que existe más allá de sus personajes. En tu biografía hablas de la importancia de la inocencia, la ilusión y los pequeños detalles del amor. En un mundo que parece avanzar cada vez más deprisa, ¿qué cosas siguen emocionándote de verdad? ¿Qué sueños te gustaría cumplir y qué esperas que la literatura continúe aportando a tu vida durante los próximos años?

Me emocionan los pequeños gestos que se pueden hacer en el día a día: un «me acordé de ti al ver esto», «escuché esta canción y pensé que te gustaría», un beso inesperado… Son esos pequeños detalles los que alegran el alma a una persona. Me gustaría viajar a París y conocer las calles donde transcurre parte de la historia; también tengo otros destinos esperándome. Me gustaría seguir escribiendo, aunque tengo claro que es difícil vivir de ello.


Gracias, Ainoha, por abrirnos la puerta a tu historia y por compartir con tanta honestidad las emociones y experiencias que dieron forma a tu novela. Ha sido un placer conocerte un poco más.

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