Hay personas que no solo viven el deporte: también saben contarlo de una manera que engancha. Y eso es precisamente lo que ocurre con Daniel Ceán-Bermúdez. Escritor, comunicador y apasionado del automovilismo y del atletismo, lleva años rescatando historias, carreras, nombres y momentos que merecen ser recordados con algo más que un simple resultado en una clasificación.
En esta entrevista charlamos con él sobre sus libros, su forma de entender el deporte, su pasión por contar lo que hay detrás de cada meta y también sobre ese camino tan particular que lo llevó desde la ingeniería hasta la comunicación deportiva. Pero, más allá de todo eso, descubrimos a una persona cercana, tranquila, curiosa y con una manera muy personal de mirar el mundo.
Con Daniel hablar de deporte es hablar también de memoria, emoción, esfuerzo y de todas esas pequeñas grandes historias que muchas veces pasan desapercibidas. Y lo mejor es que sabe narrarlas de un modo que hace que uno quiera seguir escuchando.
Si os gusta el deporte contado con alma, la historia bien narrada y las conversaciones que dejan algo más que un titular, quedaos, porque merece mucho la pena.
1. Daniel, antes de hablar de libros, carreras y campeonatos, queremos conocer a la persona que hay detrás del escritor. ¿Cómo es Daniel Ceán-Bermúdez cuando se aparta de los circuitos, las pistas y los medios de comunicación? ¿Qué aficiones ocupan tu tiempo cuando consigues desconectar del deporte?
Resulta difícil describirse a uno mismo. Yo me veo como una persona muy tranquila y muy normal pero, sobre todo lo segundo, seguro que no lo comparten los que me conocen mejor porque, en realidad, también soy muy consciente de que mis aficiones y forma de entender la vida no entran muy de lleno en lo que se suele considerar como la normalidad digamos más extendida. Además, el hecho de que mi labor profesional esté tan directamente relacionada con mis aficiones hace que sea complicado muchas veces separar lo que es trabajo de tiempo de ocio. Más allá del deporte me gusta leer y ver películas o series de televisión. Y, sin duda, con lo que más desconecto es viajando. Sobre todo disfruto visitando ciudades con historia y grandes capitales porque, además, soy muy urbanita, de esos de nada de playa o montaña para las vacaciones.
2. Naciste en Gijón en 1964 y creciste en una época en la que seguir determinadas competiciones deportivas exigía bastante más esfuerzo que encender la televisión o consultar un teléfono móvil. ¿Cómo recuerdas aquellos primeros años como aficionado? ¿Hubo alguna carrera, algún deportista o algún acontecimiento que despertara definitivamente tu fascinación por el deporte?
Los recuerdo como una época muy diferente a la actual. Uno años en los que la ilusión y la imaginación eran fundamentales. El hecho de que, en comparación con la época actual, hubiese pocos medios para acceder a la información hacía que cada noticia o reportaje adquiriese mucho más valor. En base a unas cuantas fotos y textos tenías que tratar de entender y reconstruir en tu cabeza como había sido tal o cual competición, con la ventaja de hacerte ser más analítico pero, también, con el inconveniente de no saber realmente todo lo que había ocurrido. También había que ser paciente porque no existía la inmediatez actual. Era todo mucho más pausado y, por eso mismo, se profundizaba más. En mi caso, recuerdo releer una y mil veces los artículos que más me interesaban en las revistas de motor semanales o mensuales que podía conseguir o en el diario AS que compraba mi padre. De hecho, su afición al deporte está, sin duda, en el origen de la mía. Desde muy pequeño siempre se vio mucho deporte en casa por televisión y pronto me aficioné al atletismo, el ciclismo o el baloncesto además de al fútbol que, al igual que ahora, era el que ocupaba más espacio en todos los medios de comunicación. En particular, los Juegos Olímpicos me llamaron enseguida la atención. Los primeros de los que tengo recuerdos son los de Münich 1972. Tenía solo ocho años pero ya no me perdía nada de lo que salía por la tele y tengo grabada en la memoria la final de los 10000 de atletismo con Mariano Haro en cabeza hasta cerca del final para acabar siendo superado por atletas más rápidos en los últimos metros. Entonces, ver a un español luchando por una medalla olímpica era algo muy poco habitual y aquella carrera me enganchó aunque el resultado final fuese una decepción. Mi afición al automovilismo, en cambio, resulta más difícil de explicar porque en casa nunca hubo coche ni especial interés en temas de motor. Sin embargo desde muy pequeñito me fascinaban los coches y ya con once-doce años empecé a interesarme por la Fórmula 1, los rallyes y también las carreras de motos, en este último caso a través de los éxitos de Ángel Nieto.
3. Has contado que estudiaste Ingeniería Industrial porque soñabas con convertirte en una especie de Colin Chapman español, siguiendo los pasos del fundador de Lotus. Sin embargo, en 2002 tu trayectoria profesional dio un giro hacia la comunicación deportiva. ¿Cómo viviste aquel cambio y qué te llevó a comprender que tu lugar dentro del automovilismo podía estar contando las carreras en vez de diseñando los coches?
La carrera de Ingeniería Industrial me resultó muy decepcionante. Apenas aprendí nada de lo que realmente me interesaba y pronto me quedó claro que aquel sueño infantil era inalcanzable porque, además, entonces el automovilismo en España era un tema muy minoritario, y más aún las carreras de circuitos en Asturias, donde la pasión por los coches se canalizaba a los rallyes. Tras acabar los estudios, estuve dos años con una beca de investigación en la universidad, dentro de un proyecto relacionado con diseño asistido por ordenador, tema en el que me había involucrado precisamente porque esa tecnología estaba cada vez más extendida en la competición del motor. De ahí nació una empresa de ingenieria que fundamos un grupo de compañeros estudios. Resultó exitosa pero su crecimiento fue lo que me acabó llevando a decidir el cambio en mi actividad. Mi labor era cada vez más de gestión y, por otro lado, habíamos puesto en marcha también unos años después otra empresa para temas de multimedia e internet, sector que empezaba a despuntar. Fue por este otro lado por el que surgió la oportunidad de llegar al mundo de los coches a través de un amigo inglés. La primera experiencia me resultó muy gratificante y fue cuando decidí que, después de todo, el automovilismo era lo que siempre me había gustado y no solo desde un punto de vista técnico si no, también, informativo. De hecho, ya había realizado alguna pequeña colaboración para la prensa local, escribiendo sobre Fórmula 1 unos años antes. Así que, a finales de 2001, comuniqué a mis socios en la ingeniería que dejaba la empresa, vendí mi parte y con eso y los ahorros calculé que tenía un pequeño ‘colchón’ de un par de años para lanzarme a la aventura de la comunicación del motor y ver si conseguía convertirla en mi forma de vida. Desde entonces, han pasado ya casi veinticinco años dedicándome a ello así que estoy muy contento con aquella decisión, que en su momento parecía un tanto loca y poco entendible en alguien tan racional y poco propenso al riesgo como yo.
4. A lo largo de tu carrera has trabajado tanto en medios de comunicación como en departamentos de prensa de pilotos, equipos y organizadores. Son posiciones que permiten conocer el deporte desde perspectivas muy diferentes. ¿Cómo ha cambiado tu mirada al pasar de observar una competición como aficionado a conocer sus mecanismos internos? ¿Resulta difícil mantener la objetividad cuando también existe una relación profesional o personal con sus protagonistas?
Mi forma de observar la competición ha cambiado mucho. Conocer los entresijos desde dentro hace que sea inevitable perder esa visión más romántica y, en cierto modo, inocente que se suele tener cuando te aficionas a algo desde fuera. Pero, por otra parte, me ha permitido tener un acceso a diferentes aspectos de las carreras que era inimaginable cuando empecé a seguir el deporte como espectador. Ahora entiendo mucho más como funciona todo, porqué ocurren ciertas cosas y las motivaciones que llevan a unos y otros a relacionarse con el deporte desde tareas tan diferentes y, a la vez, tan imprescindibles, como organizar, regular o competir. En cuanto a mantener la objetividad cuando se tiene una relación más o menos profesional o personal con los protagonistas, la verdad es que es algo que procuro cuidar especialmente. Nunca me ha gustado eso que se suele definir como ‘periodismo de bufanda’, en el que se imponen los gustos o pasiones del informador al análisis objetivo de los hechos. Creo que, en ese sentido, tengo bastante capacidad para separar lo personal de lo profesional y lo emotivo de lo racional aunque, de nuevo, esto es algo que podrán juzgar mucho mejor los demás. Al fin y al cabo, si ya es difícil ser objetivo con otros, mucho más es serlo con uno mismo.
5. En 2018 publicaste Más allá de la línea roja, un proyecto que salió adelante gracias al apoyo de 126 mecenas. Ahora, ocho años después, has preparado una nueva edición independiente. ¿Qué recuerdas de aquella primera aventura editorial y cómo ha sido reencontrarte con tus propios textos? ¿Has descubierto que tu manera de escribir o de interpretar aquellos acontecimientos ha cambiado con los años?
Fue un proyecto en el que me embarqué con tanta ilusión como desconocimiento del tema. La verdad es que fue algo que surgió muy de casualidad. De hecho, el proyecto inicial estaba relacionado con el atletismo pero presenté también uno de motor y otro de deportes más genérico y la editorial eligió el de los coches. Probablemente lo hicieron porque la gran mayoría de mis seguidores en redes sociales eran de ese ámbito y ello iba a ayudar en la campaña de micromecenazgo. En ese sentido acertaron de pleno porque la respuesta fue magnífica, superior incluso a sus expectativas. Pero, por lo demás, la experiencia a nivel editorial fue algo frustrante. Esperaba mucho del proceso de edición y apenas si existió, la fase de corrección fue muy poco satisfactoria y la promocional practicamente nula por su parte. Así que digamos que, más que nada, aprendí lo que no se debía hacer, algo que tanbién es útil aunque no era lo que esperaba haber aprendido. En cuanto a reencontrarme ocho años después con aquellos textos la sensación es, sobre todo, de ver como hacer aquel libro me abrió un camino que he seguido explorando desde entonces. Mi forma de escribir no creo que haya cambiado mucho aunque es probable que haya ido puliendo los típicos defectos de escritor novato, en particular esa propensión a contar más de lo necesario que en ocasiones me sigue resultando complicado controlar. Por lo demás diría incluso que uno de los relatos de aquel libro fue el punto de partida para el siguiente que voy a publicar.
6. En Más allá de la línea roja mezclas grandes acontecimientos del automovilismo con recuerdos personales y episodios menos conocidos. Uno de los relatos más curiosos es Ecos de Fangio en los Picos de Europa, donde recuperas el Gran Premio de Cuba de 1957 a partir de los recuerdos de un emigrante asturiano. ¿Cómo encontraste aquella historia y qué te enseñó sobre el valor de los testimonios personales para reconstruir acontecimientos históricos?
Precisamente ese relato es el que comentaba en la anterior respuesta como punto de partida de mi próximo libro. Surgió como una de las opciones de mecenazgo que ofrecía la editorial: que un mecenas eligiese el tema de una de las historias incluidas en el libro. Una amiga optó por esa posibilidad y me propuso contar esa carrera disputada en La Habana en base a unas fotos hechas por su padre, que había fallecido unos meses antes. Fue todo un reto, porque el resto de las historias del libro trataban sobre carreras que yo había vivido, de una forma u otra, lo que no era en absoluto el caso de esa. A partir de aquellas fotos, de los recuerdos que tenían esa amiga y su hermana de su padre y de la vida en Cuba y de toda la información que logré encontrar sobre la carrera en internet, libros y revistas de la época fui construyendo el relato. Todo el proceso de investigación me resultó fascinante y me abrió la puerta a atreverme a hacer lo mismo con otras competiciones de tiempos anteriores, tratando siempre de ser fiel a lo ocurrido pero, a la vez, trasladando las vivencias de quienes sí estuvieron allí. Es algo que cada vez me entusiasma más hacer y que me gustaría que se hiciera más a menudo en todos los ámbitos, no solo el deportivo. Pienso que es fundamental preservar esos testimonios de primera mano. Son los que, de verdad, nos cuentan como y porqué ocurrieron las cosas, más allá de interprestaciones hechas a posteriori que pueden estar más o menos sesgadas en función de la idelogía o los intereses del autor.
7. Entre los protagonistas de ese primer libro aparecen figuras como Ayrton Senna, Gilles Villeneuve, Mario Andretti o Stirling Moss, pero también pilotos españoles que quizá resulten menos conocidos para el gran público. Si pudieras regresar a una carrera del pasado con la posibilidad de presenciarla y conversar después con sus protagonistas, ¿cuál elegirías y por qué?
Hay tantas que elegir solo una resulta poco menos que imposible. A varias de ellas van dedicados los relatos del próximo libro, elegidas precisamente porque son algunas de esas que me habría gustado presenciar en directo. Si, además, pudiese tener la oportunidad de conversar con sus protagonistas creo que elegiría las 500 millas de Indianapolis de 1969 por ser una carrera muy especial para el piloto que fue mi ídolo de infancia y juventud: Mario Andretti. Se trata de alguien con una personalidad y una historia cuyo interés trasciende lo meramente deportivo.
8. Tu segundo libro, 50 años de carreras en cuesta, es una obra monumental de casi quinientas páginas, con alrededor de novecientas fotografías y el recorrido de más de medio siglo de competición. ¿Cómo afrontaste semejante trabajo de documentación? ¿Qué fue lo más difícil: localizar material, contrastar los datos o decidir qué acontecimientos merecían ocupar un lugar destacado?
Ese segundo libro no habría sido posible sin un grupo de amigos que, además, son apasionados del automovilismo. Ahí mi parte fue escribir los textos y aglutinar y procesar todo el material pero sin su ayuda habría sido absolutamente imposible conseguir todos los datos y fotografías necesarios, porque en muchos casos estaban totalmente fuera de mi alcance. En particular, la recopilación de los resultados de las más de quinientas carreras celebradas en los cincuenta años que cubre el libro fue especialmente laboriosa, tanto en lo que respecta a encontrarlos como a contrastar los muchos que resultaban dudosos o contradictorios entre unas fuentes de información y otras. Sin duda eso fue lo más difícil.
9. Uno de los aspectos más interesantes de 50 años de carreras en cuesta es que, junto a las clasificaciones y las crónicas, incluyes testimonios de pilotos y relatos novelados sobre momentos significativos. ¿Qué posibilidades te ofrece ese recurso narrativo para acercar la historia al lector? ¿Cómo estableces los límites entre reconstruir literariamente una escena y mantener el rigor que exige una obra documental?
Los testimonios de los pilotos son, para mí, lo más valioso del libro porque acercan al lector a los auténticos protagonistas y, además, a través de ellos es posible hacerse una muy buena idea de como han evolucionado este tipo de competiciones a lo largo de los años. En cuanto a los relatos novelados, es mi recurso favorito. Pienso que es el mejor modo de llegar a lectores que no estén especialmente interesados en el tema y a los que la típica crónica periodística les aburriría. Siempre me pongo como objetivo que sean totalmente fieles a lo ocurrido pero procuro contarlo de un modo más pasional que técnico, tratando de que el lector se pueda sentir transportado a ese momento y pueda imaginarlo a través de lo que está leyendo.
10. Asturias posee una larga tradición en las competiciones de montaña, con escenarios tan emblemáticos como la Subida al Fito. Has vivido muchas de esas pruebas desde dentro y conoces su evolución. ¿Qué crees que representan estas carreras para la identidad deportiva asturiana y qué historias consideras que todavía merecen ser recuperadas antes de que desaparezcan de la memoria de sus protagonistas?
La orografía marca y por eso en Asturias las pruebas de montaña tienen esa larga tradición ya que hay una gran cantidad de carreteras muy apropiadas para este tipo de competiciones. En muchos casos, además, han sido siempre mucho más que un mero acontecimiento deportivo. Para muchas localidades en las que se disputan son uno de los momentos cumbre del año a nivel festivo y de visitantes por lo que su impacto va más allá de la competición para convertirse en un atractivo turístico y una fuente de riqueza. En lo que respecta a historias que habría que recuperar a preservar la verdad es que, desgraciadamente, hay muy poco hecho al respecto. Sería muy bonito hacer algo del estilo de lo que hicimos en ’50 años de carreras en cuesta’ pero también soy consciente de que resultaría aún más difícil por la gran cantidad de pruebas disputadas a lo largo de los años y la escasa cobertura informativa recibida por muchas de ellas al ser de ámbito regional en vez de nacional.
11. Tu tercer libro, Asfalto, hierba, ceniza y tartán, supone un cambio de escenario: abandonas los circuitos y las carreteras para adentrarte en la historia del atletismo. Aunque ya eras un gran aficionado, ¿qué te impulsó a dedicarle un libro? ¿Qué descubriste sobre la condición humana al escribir sobre corredores en lugar de pilotos?
Realmente este debía de haber sido mi primer libro ya que esa fue la propuesta con tema de atletismo que hice a la editorial con la que finalmente se publicó ‘Más allá de la línea roja’. Surgió de mi etapa encargándome de la sección de historia de un programa semanal de radio dedicado a las carreras a pie en el que me involucró un amigo del mundo del motor, Miguel Collado, que además era habitual practicamente en este tipo de competiciones. Cada semana elaboraba un artículo para la página web del programa sobre el tema del que hablaba en la radio y fue Miguel el que en una de las emisiones me dijo "Tendrías que hacer un libro con todo esto". La idea quedó aparcada tras optar la editorial por el de temática del motor pero la recuperé el año pasado y estoy muy contento de haberlo hecho porque me ha abierto la puerta a otro tipo de lectores que no son aficionados al deporte pero les atrae el lado humano de los protagonistas de las historias. En ese sentido, los atletas ofrecen más posibilidades de llegar a un público diferente porque, al fin y al cabo, correr es algo que todos habremos hecho alguna vez y se siente más cercano y más comprensible que pilotar un vehículo de competición aunque, en realidad, pienso que en la condición humana de atletas y pilotos hay más similitudes que diferencias. Al final, sea corriendo o pilotando, la motivación por ganar o superarse a si mismo y la dedicación y el sacrificio necesario para alcanzar las metas que cada uno de ellos persiguen son la clave, tanto en el caso de estos dos deportes como en cualquier otro.
12. La estructura de Asfalto, hierba, ceniza y tartán es especialmente ingeniosa: cuarenta y dos relatos que forman una especie de maratón literaria. Además, cada capítulo incorpora códigos QR con material complementario. ¿Cómo surgió esa idea y qué importancia tiene para ti que el lector pueda escuchar, observar y ampliar las historias más allá de las páginas impresas?
Que el número de relatos coincidiese con los kilómetros de una maratón fue algo que no busqué, pero al contarlos tras seleccionar los que pensaba eran más apropiados para el libro, pensando inicialmente en tal vez luego descartar alguno, me pareció especialmente curiosa esa coincidencia numérica así que al final me quedé con todos y añadí uno más breve para cerrar el libro como su fuesen los 195 metros finales de carrera. La idea del código QR se me ocurrió haciendo de necesidad virtud cuando empecé a recopilar la bibliografía utilizada para elaborar cada relato. Aparte de libros, había una gran cantidad de artículos publicados en internet y de vídeos de las carreras sobre los que trataban las historias así como multitud de fotografías. Pronto me di cuenta que incluir en el libro los enlaces a todo ello en forma de texto era una tarea inabordable y, además, iba a resultar muy poco útil para el lector. Ahí fue cuando decidí lo del QR y entonces, al preparar las páginas con los vídeos, fotos y enlaces de cada relato, pensé que también podía ser interesante para el lector escuchar la grabación de como conté esa historia en el programa de radio. Esto último, además, acabó teniendo un alcance que no esperaba ya que llevó el libro a personas con deficiencias visuales al convertirlo en una especie de audio libro resumido a través de los audios asociados a cada capítulo.
13. En ese libro recuperas momentos históricos que muchas veces quedan eclipsados por las grandes gestas conocidas por todos. Por ejemplo, te acercas a Roger Bannister desde una victoria menos recordada y al final de la carrera de Usain Bolt en lugar de centrarte únicamente en sus éxitos. ¿Qué criterios utilizas para elegir estas historias? ¿Te interesa especialmente encontrar la dimensión más vulnerable de deportistas que el público suele recordar como invencibles?
Los criterios de elección de muchas de las historias estuvieron marcados por los contenidos del programa radiofónico. En ocasiones buscaba una historia relacionada con el tipo de competición sobre el que hablábamos esa semana, sobre la especialidad en la que participaba alguno de los invitiados, que tuviese que ver con la actualidad de la temporada de atletismo o, en ocasiones, con el número de programa que emitíamos dado que las cifras, traducidas a marcas, son siempre muy importantes en este deporte. Partiendo de ahí, luego ya me decantaba por las historias que me resultaban más atractivas, bien fuese por la personalidad de los protagonistas o el desarrollo de sus trayectorias deportivas o de competiciones concretas, en mucho casos poco conocidas pero no por ello menos interesante. Y, efectivamente, en los relatos del libro no se habla solo de grandes triunfos porque después de todo ningún deportista, por extraordinario que sea, puede ganar siempre y muchas veces es en alguna derrota donde más se llega a su verdadera dimensión humana.
14. Asfalto, hierba, ceniza y tartán se centra en el atletismo masculino. ¿Responde esa elección a una delimitación inicial del proyecto o forma parte de un planteamiento más amplio? ¿Te gustaría dedicar una futura publicación a las grandes protagonistas femeninas de la historia del atletismo?
Sí, la idea es que haya otro libro del mismo estilo dedicado al atletismo femenino que procederá de la misma fuente, es decir los relatos que fui realizando para la sección de historia del programa radiofónico. La diferencia es que en esta caso va a incluir unos cuantos más de los hechos entonces y estos últimos están todavía en fase de realización. Es un proyecto que tengo ganas de terminar pero está ahora mismo un poco aparcado por cuestiones meramente comerciales. Como bien detectaron los de la editorial con la que hice ‘Más allá de la línea roja’, casi todos mis lectores proceden de mis seguidores en redes sociales y ahí son amplia mayoría los interesados solo en temas de motor. Dado que ahora mismo estoy autopublicando mis libros, asumiendo todos los gastos de edición, impresión, promoción y distribución, tengo que pensar también en conseguir unas cifras de ventas que cubran esa inversión y con los de automovilismo me resulta más fácil lograrlo. Pero antes o después terminaré y publicaré el de atletismo femenino.
15. Entre 2017 y 2019 te encargaste de una sección de historia del atletismo en los programas radiofónicos Marca RUNNER Asturias y MásKeCorrer. ¿Qué te enseñó aquella experiencia sobre la importancia de contar bien una historia? ¿Hay alguna anécdota o personaje que descubrieras preparando esos programas y que terminara ocupando un lugar especial en tu memoria?
Me enseñó muchas cosas. De entrada, la importancia de documentarme al máximo. Después, preparar mucho lo que iba a contar y, sobre todo, como iba a contarlo. Desde el principio tuve claro que no iba a leer las historias, quería transmitirlas dándoles emoción y eso fue lo que más me aportó aquella experiencia. Me obligó a salir de mi zona de confort, ya que soy bastante tímido, y me hizo soltarme sacando de dentro unos registros que no estaba seguro de tener y fui desarrollando semana a semana, cogiendo cada vez más confianza en la forma de narrar hechos históricos como si estuviesen sucediendo. Además, los comentarios que nos llegaban de los oyentes eran que precisamente esa, digamos, teatralización de los relatos era lo que más les gustaba y eso me animó a seguir en esa línea. Otra cuestión clave, dado que el programa se emitía en directo, es que resultaba fundamental resumir para centrarse en lo más importente y, también, ser capaz de improvisar, porque en muchas ocasiones el tiempo destinado a la sección se tenía que reducir. En cuanto a anécdotas recuerdo como más graciosa para los compañeros del programa la ocasión en que uno de los invitados fue con sus hijos, dos niños pequeños, que estaban revolviendo por el estudio. Estaba tan concentrado para meterme en el papel que no me enteré de nada mientras los demás lidiaban con ellos y yo seguía imperturbable contando la historia, algo que solo descubrí cuando vi luego el vídeo que grabábamos en cada programa. Por lo que respecta a personajes, preparar la sección me hizo descubrir unos cuantos especialmente interesantes y varios de ellos protagonizan relatos en ‘Asfalto, hierba, ceniza y tartán’ como el japonés Kanakuri, el cubano Carbajal o el británico Ron Hill. En conjunto, fue una experiencia fantástica que, además, me resulta ahora de mucha utilidad en mi faceta de comentarista en las competiciones de automovilismo de montaña.
16. Acabas de publicar Sensaciones y resultados, una colección de cuarenta y dos relatos sobre los Campeonatos de Europa de Atletismo celebrados en Birmingham en agosto de 2026. A diferencia de tus trabajos históricos, estos textos nacieron mientras se desarrollaba la propia competición. ¿Cómo fue escribir prácticamente al ritmo de los acontecimientos? ¿Qué cambia cuando narras una historia cuyo desenlace acabas de conocer y todavía tienes muy recientes las emociones del momento?
Este fue un reto autoimpuesto que me resultó muy gratificante y por eso decidí recopilar esos relatos en un libro después de llevarlo a cabo. La idea era hacer lo contrario a la que suele ser mi forma de escribir. Normalmente todas mis historias implican una larga fase de documentación previa y las voy desarrollando a un ritmo pausado, sin fijarme plazos de finalización. En cambio, en este caso se trataba de elaborar los relatos cada día nada más concluir las competiciones, basándome solo en las notas que había tomado mientras las veía por televisión, sin más documentación adicional que consultar algún dato concreto de marcas o palmarés de los atletas en internet, y con el condicionante extra de la brevedad para que el texto sobre cada final no superase el número máximo de caracteres que permite una publicación de instagram. Esto último no lo conseguí en tres o cuatro pero, en conjunto, si que logré el objetivo de publicar los relatos de las finales de cada jornada de los campeonatos antes de que comenzase la siguiente. A nivel de estilo es indudable que cambia el modo en que se aborda cada relato porque priman las sensaciones que te ha dejado la prueba mucho más que el análisis detallado de como se desarrolló. Hay veces que eso tal vez pueda llevar a interpretarla de un modo no tan preciso como sería requerible para una crónica periodística. Por otra parte, pienso que le aporta una espontaniedad que hace el texto más accesible al lector que también acaba de ver esa misma carrera o concurso y, al mismo tiempo, puede resultar mucho más comprensible para el profano que se acerque a estas historias sin ser un experto o aficionado.
17. Hay una idea que aparece constantemente en tus libros: las estadísticas nunca cuentan la historia completa. Una marca puede resumirse en unas cifras, pero detrás existen sacrificios, decisiones, miedos y circunstancias que el público desconoce. ¿Cómo consigues reconstruir esa dimensión humana sin perder el rigor? ¿Has encontrado alguna historia en la que el resultado deportivo fuera casi lo menos importante?
Trato de meterme en la cabeza del deportista y para ello es fundamental documentarse bien, sea habiendo leído o escuchado entrevistas en las que habla de su forma de afrontar las competiciones y de como se desarrollaron o, en el caso de los que tengo la fortuna de conocer personalmente, hablar con ellos y preguntarles sobre sus sensaciones y motivaciones o por determinados detalles que pudieron resultar más o menos decisivos. En base a eso, así como al contexto en que se llevan a cabo las carreras, intento entender como y porqué todo ello acaba traduciéndose en el resultado, sin que este sea lo fundamental. En ese sentido, siempre busco llevar al lector al proceso que lo ha generado, dándole más importancia a los antecedentes y el desarrollo de la competición que a su desenlace, ya que además este es muy conocido en ocasiones. Ejemplos en los que el resultado deportivo fuera casi irrelevante hay muchos. De las historias de mis libros se me ocurren dos ejemplos claros. Uno es de ‘Asfalto, hierba, ceniza y tartán’ y tiene como protagonista al atleta tanzano Akhwari, último clasificado en la maratón olímpica de México 1968, para quien lo de menos fue ocupar esa posición que se suele considerar humillante. Otro, en un sentido muy diferente, es la historia del británico Rob Walker en las 24 Horas de Le Mans de 1939, uno de los relatos que incluye mi próximo libro de automovilismo. Se trata de una historia en la que no tiene importancia alguna la posición final del protagonista, lo que cuenta en su caso es la experiencia que supone participar en la carrera.
18. Además de escribir, eres un lector habitual de obras sobre historia del deporte, biografías y otros temas. Nos gustaría conocer también al Daniel lector. ¿Qué autores han influido más en tu manera de narrar? ¿Hay algún libro que te haya enseñado especialmente a convertir hechos reales en relatos capaces de emocionar? ¿Y qué géneros disfrutas cuando quieres leer algo completamente alejado del deporte?
Mi manera de narrar el automovilismo está muy influenciada por el que los de mi generación consideramos el Maestro, con mayúsculas, en este tema: Javier del Arco. Me aficioné a la Fórmula 1 leyendo sus crónicas en las revistas durante la segunda mitad de los años setenta y principios de los ochenta. Su forma de transmitir al lector las sensaciones que el experimentaba viendo las carreras en directo, a pie de pista, me enganchó desde el principio. Además, Del Arco acompañaba ese estilo de contar lo ocurrido con un rigor máximo, siempre apoyando sus textos con multitud de datos y declaraciones de los protagonistas, lo que aseguraba la veracidad de lo que escribía. En cuanto a libros concretos, si nos centramos en la temática deportiva destacaría ‘La milla perfecta’, de Neil Bascomb, por su forma de novelar hechos reales haciéndolos apasionantes. La manera en que te hace acompañar a los protagonistas en su lucha a distancia en pos de ser el primer en correr una milla en menos de cuatro minutos es extraordinaria. Es una obra en la que me habría gustado no conocer de antemano el desenlace de la historia porque la habría disfrutado todavía más dada la forma en que la va contando. Fuera del ámbito deportivo suelo leer sobre todo novelas, principalmente históricas, de ciencia-ficción y novela negra. Son tres temas de los que leí mucho sobre todo en mi juventud y que seguramente también influyeron en mi forma de escribir aunque no tengo una referencia clara de que título o autor pudo haberlo hecho más.
19. Para terminar, miremos hacia el futuro. Has dedicado libros al automovilismo, has construido una extensa memoria de las carreras de montaña y ahora estás explorando nuevas formas de contar el atletismo. ¿Qué proyectos literarios tienes en mente? ¿Hay algún acontecimiento, personaje o disciplina deportiva sobre el que lleves años deseando escribir? Y, más allá de lo profesional, ¿qué ilusión personal te gustaría cumplir en esta etapa de tu vida?
Ahora mismo estoy ya en la fase final de corrección del que será mi quinto libro, tercero dedicado al mundo del motor. Se titula ‘La belleza de la velocidad’ y está compuesto por veinte relatos dedicados a otras tantas competiciones famosas del automovilismo mundial. Va desde las Mille Miglia de 1930 al Gran Premio de Europa de 1993 y toca especialidades tan diferentes como la Fórmula 1, los rallyes, las pruebas de montaña, las competiciones de resistencia en circuito o las grandes carreras en ruta. Lo hace, además, a través de algunos de los mejores pilotos de la historia, como Tazio Nuvolari, Juan Manuel Fangio, Stirling Moss, Mario Andretti, Carlos Sainz o Ayrton Senna, y también con otros menos conocidos como Herman Lang, Rob Walker, Karl Klink o ‘Tiny’ Lund. Es un libro que nace en buena medida de la historia del Gran Premio de La Habana del 1957 incluida en ‘Más allá de la línea roja’ en el sentido de que, al igual que en ese texto, en todos cuento las carreras de forma novelada pero en base a una exhaustiva investigación y documentación. Se presentará el 18 de diciembre en la Escuela de Comercio de la Fundación Municipal de Cultura de Gijón pero es muy probable que ya lo tenga disponible una semana antes en la Feria del libro independiente que se celebrará el 12 de diciembre en Oviedo. Aparte estoy ahora mismo involucrado en un proyecto mucho más ambicioso, del estilo de ’50 años de carreras en cuesta’ pero con la Fórmula 1 como tema, que debería estar listo para finales del año que viene. También tengo en mente otros más modestos, como el libro de relatos de atletismo femenino y otros dos que serán recopilaciones de artículos sobre atletismo y automovilismo que escribí hace años para mi página web www.citadecampeones.com. En cuanto a otros temas sobre los que me gustaría escribir hay muchos. De hecho, de vez en cuando lo hago en mi web sobre otros deportes como ciclismo, fútbol americano, beisbol o fútbol, pero no me planteo de momento ningún libro al respecto. Si tengo, en cambio, un proyecto que me gustaría abordar pero todavía no me acabo de atrever a hacerlo. Sería pasar a la ficción para escribir una novela de tipo histórico, que mezcle personajes reales con otros de mi cosecha en una trama basada en acontecimientos auténticos, con el deporte como nexo de unión entre los protagonistas y enmarcado en el contexto de alguna época concreta del siglo XX. Más allá de lo profesional, lo que más me ilusion me haría a nivel personal ahora mismo es tener más tiempo para viajar, pero de momento me tengo que conformar con alguna escapada breve de vez en cuando. Es el precio a pagar por ser empresario autónomo y autor independiente. En todo caso, no me quejo, tengo la gran fortuna de disfrutar con lo que hago para ganarme la vida y el objetivo es poder seguir haciéndolo todo el tiempo que sea posible.
Muchas gracias, Daniel, por compartir tus recuerdos, tus experiencias y esa pasión por las historias que merecen seguir contándose. Te deseamos mucha suerte con tus próximos libros.
Instagram de Daniel: @daniel_cean
