Naiara Suárez Sánchez: Luna y el bosque que nos enseña a parar

Banner infantil de entrevista a Naiara Suárez Sánchez, autora de Luna y el susurro del bosque

Hay historias que nacen en los días de más ajetreo, justo cuando uno necesita encontrar un ratito de tranquilidad. Así empezó Luna y el susurro del bosque, el primer cuento de Naiara Suárez Sánchez, una joven asturiana de 18 años que ha convertido aquella necesidad de parar y respirar en una aventura para los más pequeños.

En el bosque de Luna hay mucho más que árboles, flores y una conejita curiosa. También hay recuerdos de la infancia de Naiara en Bimenes, un poquito de su hermano Gael y rincones que existen de verdad, como la ruta de los Molinos. Y hay, sobre todo, una invitación a escuchar a los niños y a disfrutar de esos momentos sencillos que a veces las prisas nos hacen olvidar.

Hoy conocemos a Naiara, su ilusión al publicar con Mr. Momo, el trabajo compartido con la ilustradora Julia Van Rouge y las respuestas tan bonitas que recibe cuando lleva su cuento a colegios y talleres. Os invitamos a acompañarnos en este paseo por el bosque de Luna.

Naiara, nos gustaría empezar conociéndote un poco mejor. ¿Cómo eres cuando no estás escribiendo? ¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre y qué pequeñas cosas consiguen alegrarte un día complicado?

Cuando no estoy escribiendo, me encanta viajar, descubrir lugares increíbles y conocer otras culturas. Disfruto mucho viviendo experiencias nuevas y guardando recuerdos de cada lugar que visito. Pero también soy muy familiar y valoro muchísimo los momentos sencillos, especialmente el tiempo que paso con mi hermano Gael, que tiene 7 añitos.

Estar con él, compartir risas, jugar y disfrutar de las pequeñas cosas me hace muy feliz. Creo que, al final, son esos momentos los que de verdad importan y los que consiguen sacarme una sonrisa incluso en los días más complicados. Me encanta descubrir el mundo, pero también disfruto muchísimo de tener cerca a las personas que quiero.

Hemos leído que las tradiciones asturianas y la naturaleza han tenido mucha importancia en tu vida. ¿Qué recuerdos guardas de tu infancia? ¿Hay algún lugar de Asturias al que sigas volviendo porque te hace sentir especialmente bien?

Guardo recuerdos preciosos de mi infancia en Bimenes, mi tierrina. Normalmente, mis abuelos me recogían en el colegio los viernes y pasaba allí todo el fin de semana, también con mi bisabuela. Era una forma de desconectar de la rutina que me encantaba y que recuerdo con muchísimo cariño.

Asturias siempre ha tenido un lugar especial en mi vida, pero Bimenes todavía más. Allí viví momentos muy bonitos con mi familia y, cuando vuelvo, es inevitable acordarme de aquella niña que disfrutaba tanto de sus fines de semana con sus abuelos y su bisabuela.

Para mí, Bimenes es mucho más que un lugar: es parte de mi infancia, de mis raíces y de mi historia. Me encanta viajar y descubrir sitios nuevos, pero hay lugares a los que siempre vuelves con una sensación diferente. Y, para mí, ese lugar siempre será mi tierra.

También sabemos de tu vocación como maestra y de tu cariño por los niños. ¿De dónde viene esa conexión tan especial con el mundo infantil? ¿Crees que tu manera de entender la infancia ha influido en la historia que has querido contar?

Desde pequeña siempre me han gustado muchísimo los peques, pero fue en sexto de Primaria cuando me di cuenta de que quería ser maestra. Para mí, es una de las etapas más importantes y alucinantes de la vida, porque los niños descubren el mundo, construyen su personalidad y viven cada experiencia con una ilusión increíble.

Además, mi madre ha dedicado mucho tiempo a realizar talleres en los colegios y yo siempre la he acompañado. He crecido muy cerca de ese mundo, viendo cómo los niños disfrutan, aprenden y se sorprenden con cosas que a los adultos a veces nos pasan desapercibidas. Creo que esa experiencia también ha influido mucho en mi vocación.

Por supuesto, mi manera de entender la infancia está muy presente en el cuento. Me gusta pensar que los niños tienen una forma muy especial de mirar el mundo y que debemos darles espacio para expresarse, imaginar y descubrir las cosas a su manera. Creo que escucharles y aprender de ellos es tan importante como enseñarles.

Vamos a hablar de libros, aunque antes nos gustaría viajar un poquito al pasado. ¿Qué leía Naiara cuando era pequeña? ¿Recuerdas algún cuento que te encantase o que pidieses que te leyeran una y otra vez?

Cuando era pequeña me encantaban los cuentos de la colección Una pizca de sal, especialmente los de la autora Ana Alonso. Guardo mucho cariño a aquellas lecturas porque creo que los libros que nos acompañan durante la infancia dejan una huella especial, aunque con el tiempo vayamos descubriendo otros géneros.

Cuando fui creciendo, mis gustos cambiaron y empecé a interesarme por lecturas diferentes. Uno de los libros que recuerdo especialmente es El diario de Ana Frank, que me hizo reflexionar mucho y me acercó a una realidad muy distinta.

Creo que leer nos permite conocer otras vidas, descubrir mundos diferentes y ponernos en el lugar de otras personas. Nunca me habría imaginado que, después de disfrutar tanto de las historias de otros autores, acabaría publicando mi propio cuento. Es bonito pensar que ahora Luna y el susurro del bosque puede acompañar a otros niños en sus primeros recuerdos lectores.

Luna y el susurro del bosque es tu primer libro. ¿Cómo nació la idea? ¿Fue una historia que llevabas tiempo queriendo escribir o apareció un día, casi sin buscarla, y decidiste darle forma?

Siempre me ha gustado escribir, pero Luna y el susurro del bosque nació en un momento en el que necesitaba desconectar. Estaba terminando el curso, tenía muchísimas cosas en la cabeza y atravesaba una etapa de bastante estrés. Así que escribir se convirtió en una forma de dedicarme un ratito a mí misma y poner en orden todo lo que llevaba dentro.

Soy una persona bastante nerviosa, de las que a veces tienen mil pensamientos a la vez, y creo que acabé trasladando parte de eso a la historia. Quería transmitirles a los más pequeños algo que parece muy sencillo, pero que incluso a los adultos nos cuesta poner en práctica: parar, respirar y aprender a disfrutar del momento presente.

Por eso, aunque la historia esté contada a través de Luna y del susurro del bosque, tiene mucho de mí. De alguna manera, escribir el cuento también fue una forma de recordarme a mí misma aquello que quería transmitirles a los niños. Lo más bonito es que algo que empezó como una manera de desconectar haya terminado convirtiéndose en una historia que ahora puedo compartir con otras personas.

La protagonista es Luna, una conejita curiosa, inquieta y con muchas ganas de explorar. ¿Por qué elegiste precisamente una conejita? ¿Tiene algo de la Naiara que eras de pequeña o de los niños que has conocido a lo largo de tu vida?

La elección de Luna tiene bastante que ver con mi hermano Gael. Es muy curioso, bastante inquieto y siempre tiene ganas de explorar y descubrir cosas nuevas. Cuando empecé a pensar quién sería la protagonista, me hizo mucha ilusión crear un personaje que tuviera un poquito de esa esencia.

Además, ¡los conejitos me parecen adorables! Me encantaba la idea de que Luna fuera una conejita porque transmite ternura, pero también podía representar perfectamente esa curiosidad y esas ganas de descubrir el mundo que quería reflejar en la historia.

Creo que Luna tiene un poquito de Gael, de los peques con los que he compartido tantos momentos y, seguramente, también de la niña que fui yo. Me gusta pensar que todos conservamos algo de esa curiosidad infantil, aunque vayamos creciendo. Ojalá nunca perdamos del todo esas ganas de explorar, hacer preguntas y sorprendernos con las pequeñas cosas.

El bosque tiene mucho protagonismo en el cuento. ¿Qué tiene la naturaleza que nos ayuda a sentirnos mejor? Y, por curiosidad, ¿imaginabas algún bosque concreto mientras escribías la historia?

Creo que la naturaleza tiene algo especial que nos ayuda a desconectar de todo lo que llevamos en la cabeza. Por lo menos, a mí me transmite esa tranquilidad que muchas veces buscamos y que, con el ritmo de vida que llevamos, cuesta encontrar. A veces basta con pasear, respirar aire puro y escuchar los sonidos del entorno para sentirnos un poquito mejor.

Mientras escribía, tenía en mente un lugar muy especial para mí: la ruta de los Molinos de Bimenes. Mi tierrina significa muchísimo para mí, así que quería que ese vínculo estuviera presente en el cuento. Me imaginaba sus caminos, la vegetación, el sonido del agua y esa tranquilidad que se respira cuando paseas por allí.

De hecho, el molino que podéis encontrar en las ilustraciones está inspirado en el primer molino que encontraréis si hacéis la ruta de los Molinos de Bimenes. Me hacía mucha ilusión incluir ese detalle y conseguir que el bosque de Luna tuviera un poquito de la esencia de mi tierra.

Así que, aunque el bosque sea un lugar de cuento, esconde pequeños guiños a un sitio real que forma parte de mi historia. Para mí, esa conexión hace que el libro sea todavía más especial.

Vivimos rodeados de prisas, pantallas y obligaciones, y a veces parece que incluso los niños tienen la agenda más ocupada que muchos adultos. ¿Crees que estamos dejando poco espacio para que se aburran, jueguen tranquilamente o simplemente disfruten de no hacer nada?

En mi opinión, sí. Creo que vivimos en una sociedad en la que parece que siempre tenemos que estar haciendo algo, y eso también se lo transmitimos a los niños. Entre las actividades, los horarios, las pantallas y las prisas, a veces nos olvidamos de que la infancia necesita tiempo libre para jugar, aburrirse y disfrutar sin tenerlo todo planificado.

Además, creo que aburrirse no es algo malo, al contrario. De esos momentos en los que aparentemente no hacen nada pueden nacer la imaginación, la creatividad y las ganas de descubrir cosas nuevas. Cuando un niño juega libremente, inventa sus propias historias y explora a su manera, también está aprendiendo.

Creo que la infancia pasa muy rápido y debemos permitir que los niños la vivan como niños, sin tantas prisas ni exigencias. No se trata de llenarles la agenda de experiencias, sino de dejarles espacio para disfrutarlas y crear sus propios recuerdos.

Uno de los mensajes del libro es aprender a reconocer la inquietud y encontrar momentos de calma. ¿Cómo podemos enseñar algo tan importante a los pequeños cuando, en ocasiones, somos los propios adultos quienes tenemos dificultades para conseguirlo?

Creo que lo primero es entender que los adultos también estamos aprendiendo constantemente. Muchas veces queremos que los niños sepan gestionar sus emociones, pero nosotros mismos tenemos dificultades para hacerlo. Por eso, me parece importante que intentemos reconocer cuándo necesitamos parar y que les enseñemos, con nuestro propio ejemplo, que no pasa nada por tomarnos un respiro.

También es fundamental ayudarles a identificar lo que sienten. A veces están nerviosos, tienen muchas cosas en la cabeza o simplemente no saben explicar qué les pasa. Necesitan que alguien les acompañe, les escuche y les ayude a entender sus emociones, sin hacerles sentir que estar inquietos es algo malo.

Podemos empezar con cosas muy sencillas, como respirar juntos, leer un cuento o buscar actividades que les ayuden a sentirse mejor. No se trata de que estén tranquilos todo el tiempo, sino de que poco a poco aprendan a reconocer qué necesitan en cada momento.

Y creo que debemos tener paciencia, tanto con ellos como con nosotros mismos. No siempre vamos a saber cómo actuar, y está bien. Al final, acompañar a un niño en ese aprendizaje también nos permite conocernos un poquito mejor.

Escribir para niños parece sencillo hasta que uno intenta hacerlo. Hay que encontrar las palabras adecuadas, despertar su curiosidad y mantener su atención sin complicar demasiado las cosas. ¿Qué fue lo más difícil de escribir Luna y el susurro del bosque? ¿Hubo alguna parte que te costase especialmente?

Lo más difícil fue encontrar el equilibrio entre contar una historia que despertara la curiosidad de los pequeños y transmitir un mensaje importante sin que pareciera una lección. Quería que disfrutaran de la aventura de Luna, que sintieran ganas de descubrir qué iba a pasar y que pudieran conectar con ella, pero también que se llevaran algo de la historia.

Creo que, cuando escribimos para niños, debemos recordar que no hace falta explicarlo todo. Es importante dejar espacio para que imaginen, se hagan preguntas y saquen sus propias conclusiones.

Más que una parte concreta, el reto fue conseguir que la historia funcionara como un cuento infantil y que el mensaje estuviera presente de una forma natural. Al final, quería que los niños disfrutaran de Luna y de su aventura, sin perder de vista aquello que me había llevado a escribirla.

En los cuentos infantiles las ilustraciones son casi tan importantes como las palabras. En tu libro encontramos el trabajo de Julia Van Rouge. ¿Cómo viviste el proceso de ver a Luna y su bosque convertidos en imágenes? ¿Se parecían a los que habías imaginado?

Ha sido un proceso precioso, aunque también un poquito complicado. Conseguir que otra persona plasme en imágenes exactamente lo que tienes en la cabeza no siempre es fácil, y creo que es un reto tanto para quien escribe como para quien ilustra. Cada una tiene su manera de imaginar los escenarios, los personajes y los pequeños detalles. Pero Julia y yo nos entendimos súper bien, y eso hizo que todo fluyera de una forma muy bonita.

Ver cómo Luna y su bosque iban tomando forma fue increíble. Los colores, los detalles y la sensibilidad con la que Julia ha trabajado cada ilustración me parecen impresionantes. Ha conseguido dar vida a ese mundo que yo había imaginado.

Además, para mí era muy importante que las ilustraciones tuvieran un guiño a Asturias y, sobre todo, a mi tierrina, Bimenes. Si os fijáis bien, podréis encontrar algún topo minero, referencias a la ruta de los Molinos de Bimenes y árboles típicos asturianos.

Quería que esos detalles conectaran la historia con mis raíces y que, además de acompañar la aventura de Luna, las ilustraciones escondieran un pedacito de mi tierra. El resultado ha quedado espectacular y estoy muy contenta con cómo Julia ha sabido plasmarlo. Es bonito pensar que Bimenes también viaja con Luna a cada casa a la que llega el cuento.

Publicar por primera vez tiene que ser toda una experiencia. ¿Cómo fue tu camino hasta llegar a la editorial Mr. Momo? ¿Qué sentiste cuando tuviste el libro terminado entre las manos y viste tu nombre en la portada?

El camino hasta llegar a la editorial Mr. Momo fue bastante largo y, sobre todo, un ejercicio de paciencia. Terminé de escribir el cuento entre abril y mayo de 2025 y decidí enviarlo a varias editoriales, un poco por probar y ver qué podía pasar. Durante aquel año no recibí respuesta, así que seguí con mi vida sin imaginarme demasiado cómo acabaría todo.

Sin embargo, en enero de 2026 empezaron a llamarme las editoriales a las que había enviado el cuento. De repente, algo que parecía tan lejano empezó a hacerse realidad. Fue un momento de muchísima ilusión, aunque también quise tomarme mi tiempo para valorar cada propuesta con calma, mirar cada detalle con lupa y elegir la opción con la que más me identificara. Finalmente, me decidí por Mr. Momo.

Tener el libro terminado entre las manos fue increíblemente gratificante. Ver mi nombre en la portada y comprobar que todo había quedado tal y como lo había imaginado fue una sensación difícil de explicar. Una historia que había nacido en un momento muy personal se había convertido en un libro de verdad, con sus ilustraciones, sus páginas y todos esos detalles que antes solo existían en mi cabeza.

Creo que fue entonces cuando me di cuenta de lo que había conseguido. Ha sido una experiencia preciosa y muy especial, sobre todo porque es algo que nunca me habría imaginado cuando empecé a escribir.

Ahora que Luna ya puede llegar a las casas de muchos lectores, ¿has tenido ocasión de conocer las impresiones de algún niño? ¿Hay alguna reacción, comentario o anécdota relacionada con el cuento que te haya hecho especial ilusión?

Sí, y es una de las partes más bonitas de esta aventura. He podido conocer las reacciones de mi familia, especialmente las de mi hermano Gael y mis primos pequeños, pero también estoy teniendo la suerte de compartir Luna y el susurro del bosque en talleres que realizo en colegios, ludotecas y centros infantiles. De cada encuentro me llevo algo bonito y aprendo muchísimo de ellos.

Hay un momento del taller que me encanta: después de leer el cuento, les pregunto cuál es su rincón de calma, ese lugar al que acuden cuando necesitan tranquilizarse o sentirse seguros. Las respuestas son preciosas; algunos me dicen que es leer y otros me sorprenden con respuestas mucho más personales.

Hay una que me marcó especialmente. Un peque me contó que su lugar de calma eran los brazos de mamá cuando se hacía pupa o estaba triste. Me pareció una respuesta tan sencilla y, a la vez, tan llena de significado. ¡Y qué razón tenía! A veces buscamos soluciones muy complicadas cuando, para un niño, sentirse mejor puede significar simplemente recibir un abrazo y sentirse protegido.

Esa respuesta me recordó lo mucho que podemos aprender de los pequeños. Muchas veces somos los adultos quienes necesitamos detenernos a escucharles y recordar que las cosas más importantes no siempre son las más complicadas.

Aunque está dirigido a los más pequeños, también parece una historia que puede hacer reflexionar a sus padres. ¿Qué te gustaría que sucediese después de que una familia terminase de leer el cuento? ¿Hay alguna conversación o pequeño gesto que te haría pensar que Luna ha conseguido transmitir lo que querías?

Me gustaría que, al terminar el cuento, las familias se quedasen con ganas de compartir sus impresiones y hablar sobre lo que han leído. Creo que los cuentos pueden ser una oportunidad muy bonita para conocer mejor a los niños, descubrir cómo ven las cosas y escuchar lo que tienen que decir.

Me haría especial ilusión que un niño fuera capaz de identificar qué le ayuda cuando está nervioso o triste y que se sintiera cómodo compartiéndolo con su familia. También me gustaría que los adultos encontraran en la historia una oportunidad para reflexionar sobre cómo acompañan a los pequeños en esos momentos.

No pretendo que el cuento cambie la vida de nadie. Me basta con que aporte algo bonito a quien lo lea, que despierte una pregunta o que ayude a una familia a comprenderse un poquito mejor. Si Luna consigue dejar una pequeña huella en quienes comparten su historia, para mí ya habrá merecido la pena.

Y llegamos al final, aunque esperamos que esta sea solamente tu primera aventura literaria. ¿Te gustaría seguir escribiendo cuentos infantiles? ¿Tienes alguna nueva historia en mente? Y, antes de despedirnos, ¿qué te gustaría decirles a las familias que todavía no conocen a Luna y su bosque?

Me encantaría seguir escribiendo cuentos infantiles como afición. Tengo alguna idea en mente, aunque creo que será más adelante, cuando encuentre el momento adecuado. De momento, estoy disfrutando muchísimo de esta primera aventura y de todo lo bonito que está llegando con ella.

La acogida que está teniendo el cuento me hace sentir muy orgullosa. Al final, solo tengo 18 años y todo esto está siendo una auténtica locura, en el mejor sentido de la palabra. Nunca me habría imaginado que algo que nació en un momento en el que necesitaba desconectar pudiera llegar a tantas personas.

Creo que, si nunca nos atrevemos a intentarlo, nunca sabremos qué habría pasado, ¿no? A veces hay que dejar un poquito de lado los miedos y dar ese primer paso, aunque no sepamos muy bien adónde nos va a llevar.

A las familias que todavía no conocen Luna y el susurro del bosque, me gustaría decirles que se acerquen a esta historia con ganas de compartir un momento especial. Es un cuento del que pueden aprender tanto los pequeños como los adultos, porque los niños también nos recuerdan cosas que a veces olvidamos con las prisas del día a día.

Ojalá las familias disfruten de la aventura de Luna y encuentren en sus páginas una oportunidad para compartir tiempo juntas. Para mí, que una historia que nació de una experiencia tan personal pueda llegar a otros hogares y aportarles algo bonito, es un regalo enorme.

Muchas gracias, Naiara, por invitarnos a conocer el bosque de Luna y contarnos con tanto cariño cómo nació esta historia. Nos quedamos con esos recuerdos de Bimenes, con las ocurrencias de los pequeños en los talleres y con una idea que nunca está de más recordar: a veces basta con parar un ratito, respirar y escuchar.

Te deseamos mucha suerte con Luna y el susurro del bosque. Ojalá siga llegando a muchas familias y este sea el primero de muchos proyectos que te hagan tanta ilusión.

Instagram de Naiara: @entreestrellaschiquititas

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