José Carlos Vara empezó a escribir a los quince años y pasó mucho tiempo guardándose los textos. Le costaba creer que alguien quisiera leerlos. Había llegado a la literatura bastante antes, a través de los libros que le compraba su padre, y en aquellas lecturas encontró refugio cuando no se sentía aceptado entre sus compañeros de clase. Hoy habla de esa etapa con la misma franqueza con la que explica lo que le ha dado publicar: sentirse más libre.
Sus hijas ocupan un lugar central en esa historia. Para Claudia escribió 31 cuentos para Claudia, y al pensar en lo que le gustaría dejarles a través de sus libros habla de un abrazo, del padre que conocen en casa. Esa cercanía también aparece cuando recuerda a su abuela y el relato que escribió tras perderla. Son experiencias personales que ayudan a entender su manera de abordar el dolor y la memoria en la poesía.
Su obra lo ha llevado a la antigua Roma y a Babilonia, pero también al haiku, al relato y al suspense de La hija del espía. Compagina la escritura con una profesión vinculada a la economía y las finanzas, y reconoce que esa formación influye tanto en cómo organiza una novela como en el proyecto editorial que está preparando. Conversamos con él sobre sus libros, la revisión de los manuscritos y las dificultades de publicar. También sobre lo que espera conseguir todavía y las razones por las que sigue escribiendo.
José Carlos, tienes una trayectoria profesional vinculada a la economía y las finanzas, pero también una vida literaria especialmente intensa. Antes de hablar de tus libros, nos gustaría conocer a la persona que hay detrás del escritor. ¿Cómo te definirías y qué lugar ocupa la literatura en tu vida cotidiana?
Soy una persona muy normal, familiar, me gusta estar rodeada de las personas que quiero. Soy leal, amable y divertido aunque también tengo mi carácter. La literatura siempre ocupó un lugar muy especial en mi vida. Desde pequeño, por ser gordito, no era el niño más querido de la clase y siempre me refugié en los libros que mi padre me compraba, es de él de quien saqué mi vena lectora.
Has contado que empezaste a escribir a los quince años, aunque durante mucho tiempo mantuviste esa afición prácticamente en secreto. ¿Qué te impedía compartir tus textos y cómo cambió tu relación con la escritura cuando finalmente decidiste mostrarla al mundo?
Sí, así es, siempre pensé que no era lo suficientemente bueno para que alguien me pudiera leer y que a nadie le podría interesar lo que escribía. Al hacerlo público me sentí liberado, era como una pequeña opresión que tenía y siento que soy más libre y mejor escritor ahora que no cargo con esa “culpa” del silencio.
Uno de los momentos decisivos de tu trayectoria fue la llegada de tu hija Claudia, para quien escribiste 31 cuentos para Claudia. La idea de dejar un legado a alguien que quieres tiene una enorme carga emocional. ¿Qué descubriste sobre ti mismo durante aquel proceso y qué te gustaría que tus hijos encontraran en tus libros cuando sean mayores?
De mí descubrí que gracias al enorme amor que siento por mis hijas puedo con todo. Ellas son el motor de mi vida y me gusta ver el mundo desde sus ojos. Espero que encuentren al padre que está en casa, que encuentren ese abrazo en mis historias que siempre les doy y sobre todo espero que se sientan orgullosas de su padre.
Trabajas en un ámbito donde predominan los datos, los cálculos y el análisis, mientras que la literatura te permite explorar emociones, contradicciones y comportamientos humanos. ¿Son dos mundos que se complementan o necesitas desconectar completamente de uno para sumergirte en el otro?
Se complementan más de lo que crees, cuando construyo una historia también analizo, escruto y descarto datos y otros los ensalzo. Son dos mundos que tienen muchas más similitudes de lo que parece a simple vista.
Has cultivado géneros muy diferentes, desde la poesía hasta la novela histórica, el relato y la divulgación. ¿Qué determina que una idea termine convirtiéndose en un poema, una narración breve o una novela de varios cientos de páginas?
Que me motive indagar sobre el hecho, el sentimiento o la propia historia en la que está basada, esa curiosidad es lo que me mueve y también que cuento historias que me encantaría que se conocieran.
¿Hay algún género en el que te sientas especialmente libre?
Sin duda alguna en la poesía ya que aunque me gusta la poesía con métrica y rima en la novela o relato siempre intento que los hechos sean lo más precisos para darle credibilidad a la historia y eso me ata más.
En El hijo de Roma y El auriga de los dioses nos trasladas a la antigua Roma, pero desde perspectivas diferentes. ¿Qué te fascina de aquella civilización y cómo consigues que personajes separados de nosotros por tantos siglos tengan conflictos y emociones con los que pueda identificarse un lector actual?
La antigua Roma no se distancia tanto de la actual civilización. A lo largo de los siglos las civilizaciones han nacido, crecido y desaparecido y siempre el ser humano se encontró con los mismos problemas: Corrupción, ansias de poder, dinero… Al final es una historia que se repite desde los siglos de los siglos. Lo que me gusta es contar historias pero desde una perspectiva diferente. En el hijo de Roma desde un bárbaro cautivo que crece pensando que Roma es una cosa que no es y en el Auriga de los Dioses desde la perspectiva de un Auriga. Me gusta contar historias desconocidas y de personajes desconocidos.
En El cazador de estrellas nos llevas hasta Babilonia, donde Nabú-Suma desafía las creencias establecidas a través de su interés por la astronomía. ¿Qué te atrajo de ese enfrentamiento entre el conocimiento, la tradición y el poder?
Es la vida misma. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a seguir por mantenernos firmes en nuestros ideales? Para mí es una pregunta muy potente. Y un conflicto humano de lo más actual.
¿Crees que los grandes conflictos de la humanidad han cambiado tan poco como a veces parece?
Como comentaba anteriormente la historia de la evolución humana siempre fueron los mismos conflictos, poder, dinero, ricos y pobres, los que mandan y los que obedecen.
Con La hija del espía, ganadora del Premio Ataraxia 2026, construyes una historia sobre los secretos familiares, la identidad y las consecuencias de descubrir un pasado oculto. Además, sitúas a una mujer en el centro de la narración. ¿Qué desafíos encontraste al construir a Valeria y cómo trabajaste el impacto emocional de esas revelaciones sin que el suspense eclipsara su evolución como personaje?
Sí, quise salir un poco de mi zona de confort y hacer un papel femenino, creo que las mujeres sois mucho más reflexivas que los hombres y os dejáis llevar menos por los sentimientos, ojo no lo digo como crítica sino como admiración. El reflejar ese impacto emocional a medida que se desarrolla la novela fue para mí un reto en sí mismo.
La novela histórica exige documentarse, pero también saber cuándo dejar de investigar y comenzar a contar una historia. ¿Dónde estableces esa frontera?
En mi propio método de trabajo, utilizo un sistema que se llama metodología Feynman, parto de una trama principal y defino los personajes principales luego varias subtramas secundarias y personajes secundarios y por último los capítulos que quiero que tenga y así consigo acotar.
¿Has tenido que renunciar alguna vez a un acontecimiento histórico especialmente interesante porque perjudicaba el ritmo o la credibilidad de una novela?
No, a día de hoy no. Intento ser lo más preciso posible, aunque cometo errores como todo el mundo.
Pasemos a tu faceta poética. En Canto negro de la luna herida recuperas elementos del romance, la copla y otras formas tradicionales para hablar de memoria y sufrimiento colectivo. ¿Qué te llevó a explorar esa tradición y qué posibilidades expresivas encuentras en ella que quizá no te ofrece la narrativa?
Sin duda mi admiración por Lorca. Soy un tremendo admirador de su obra y mi poesía está muy influenciada por él. En el fondo de mí, quise que fuera un homenaje a él.
La memoria, el dolor y la pérdida aparecen con frecuencia en tus poemas y relatos. ¿Consideras que la poesía nace más fácilmente de las heridas que de la felicidad, o crees que escribir sobre la alegría supone un desafío literario igual de complejo?
Creo que cuando se escribe desde el sufrimiento sale el verdadero escritor que llevamos. Pongo un símil con las redes sociales, nadie sale diciendo que su día fue malo o duro, o que tiene la casa sin limpiar. Sale haciendo planes diferentes, lo rico que cocina…. Es decir, no muestran lo duro. En esa situación el escritor es más auténtico cuando escribe desde el dolor que su dolor es puro, es un sentimiento sin máscaras.
El pasado agosto recibiste el XXXVIII Premio de Poesía «Segovia y su sierra. Ángel Esteban» por La piedra que recuerda al hombre. ¿Cómo nació ese poema y qué relación querías establecer entre el paisaje, el paso del tiempo y la memoria humana?
Quise reflejar que el paso del hombre por este mundo es efímero y que mientras nosotros vamos y venimos, el mundo natural permanece.
¿Qué significó para ti recibir un reconocimiento con tanta tradición?
La verdad que me emocionó mucho, es un premio muy asentado en el panorama cultural de España y tener el honor de ganarlo me hizo ser consciente de la suerte que tengo como escritor de poder llegar al jurado.
También has trabajado el haiku en obras como El último sendero, El filo y el cerezo y El jardín de seda. Es una forma poética que exige condensar muchísimo en muy pocas palabras. ¿Qué te ha enseñado esa disciplina acerca de la precisión del lenguaje y cómo influye en tu escritura cuando regresas a formas narrativas más extensas?
El haiku para mí es como el castellano, mi relación con el mundo oriental viene desde los 3 años en los que empecé a hacer artes marciales, tengo 44 y sigo aún así que imagínate. Creo que el haiku es en sí el origen de la poesía, ojo esto es opinión propia. Un haiku es un poema muy breve de 3 versos sobre la contemplación de la naturaleza y debes conseguir que el lector vea esa imagen descrita y eso es la poesía en su estado más puro.
Tu relato La casa donde el viento se detuvo obtuvo el primer premio del Certamen Internacional de Relatos de Duelo. Escribir sobre la pérdida implica acercarse a una experiencia profundamente íntima y universal. ¿Cómo abordas esos sentimientos para conmover al lector sin recurrir al sentimentalismo fácil?
Como hablaba anteriormente desde el corazón, creo que el dolor es lo más sincero y puro que tenemos ya que todos pasamos el duelo de una manera muy íntima y personal. Este premio para mí fue un homenaje a mi abuela ya que habla de ella y la perdí y quise expresar lo que su pérdida significó para mí.
Has recibido reconocimientos por obras de temática muy diversa, incluida La última faena, ganadora del II Premio Divisa de Literatura Taurina. ¿Qué te ha enseñado trabajar con asuntos y registros tan diferentes?
La versatilidad, un coach literario me dijo una vez que si quería ser buen escritor escribiera de cualquier tema y todos los días ya que escribir es una habilidad que se trabaja día a día.
¿Existe alguna temática que todavía te imponga demasiado respeto como para atreverte a escribir sobre ella?
El miedo, pero miedo subjetivo, jugar con los demonios de la gente y con los propios míos me da respeto.
Has explicado que, una vez terminado un manuscrito, puedes dedicar mucho tiempo a revisarlo hasta encontrar exactamente lo que buscas. ¿Qué aspectos de una obra suelen exigirte más reescrituras: la estructura, los diálogos, los personajes o el propio lenguaje?
Todo, soy muy maniático, me gusta que la historia se entienda y llegue y exprese justo lo que quiero expresar y si no veo que lo consiga, la reescribo.
¿Cómo reconoces ese momento en el que seguir corrigiendo podría terminar perjudicando el texto?
Cuando ya no estoy conforme con el resultado final.
Has recorrido diferentes caminos editoriales y has conseguido numerosos reconocimientos literarios. Desde tu experiencia, ¿qué resulta más difícil actualmente para un escritor: conseguir publicar, encontrar lectores o lograr que una obra permanezca en su memoria?
Pues diría que las tres, la primera es muy complicado porque el modelo de negocio ya no es para los lectores sino para los escritores, ahora hay muchas editoriales que te engañan con “publicación tradicional” cuando es una publicación bajo pago y juegan con el ego de la gente de decir que publican libros. Las grandes editoriales si no tienes lectores no te publican “gratis” y si no eres famoso no te van a dar oportunidad. Encontrar lectores es lo mismo, ahora el escritor no solo escribe, sino que publicita su obra, busca espacios, etcétera y apenas lleva su rédito económico y eso no es justo. Y la tercera pues sin las dos primeras no puedes tener la memoria de los lectores.
¿Qué importancia concederías a los premios frente a la respuesta directa del público?
Ni buena ni mala, los premios me ayudan a crecer como escritor y a dar mi nombre a conocer, pero si no tengo una buena historia detrás no sirven de nada.
En una entrevista de este año comentabas que tenías alrededor de diez novelas terminadas y que estabas revisando un proyecto ambientado en la época medieval y relacionado con la Inquisición. ¿Cómo han evolucionado esos trabajos y qué podemos esperar de tus próximas publicaciones?
Soy mucho más maduro que cuando escribía de joven, y me tomo mucho más tiempo, además la experiencia y escuchar a mis lectores me ayuda, me gusta que me digan oye, por aquí si o por aquí no e intento hacerles caso dentro de su justa medida.
Y, mirando algo más lejos, ¿qué sueño personal o literario te gustaría cumplir todavía?
Vivir de la escritura y que un gran sello se fije en mí. También estoy barajando la posibilidad de crear mi propio sello editorial. Me gustaría que todo el mundo pudiera publicar sin dejarse un dinero, me explico y va en relación a lo que respondía en una de las anteriores respuestas.
Yo tengo la inmensa suerte que no he pagado por publicar, para mí eso es una línea roja, no me parece justo que yo te dé el producto (mi obra, mejor o peor pero te la doy) y tú por corregirla y maquetarla la vendas a un precio y yo me lleve el 10 % de las regalías, me las pagues cuando te venga bien a ti y encima no me des apoyo ni publicidad y tenga yo que buscar los clientes. Para eso me hago yo todo.
En este proceso un escritor puede dejarse entre 1000 y 5000 euros, lo que es una barbaridad. Y para tener tus libros en las tiendas físicas sino te cobran tienes que vender entre 75 y 150 ejemplares, lo que a ti te reporta entre 75 y 200 euros. Si has tenido que pagar 1500 por ejemplo tienes que vender otros 1000 libros para recuperar tu inversión cuando la editorial con unos pocos ejemplares.
Lo que quiero hacer es hacer algo mucho más sostenible teniendo al escritor en el foco y con el control de su obra. Quiero hacer algo para que una publicación profesional, con corrección, maquetación, diseño de portada, incluso tarjetas y marcapáginas, no suponga más de 300 euros todo en su conjunto, para que el escritor pueda conseguir sus libros a un coste de 10 euros y si los vende a 20 en pocos ejemplares ya haya recuperado su dinero y pueda obtener algo de beneficio.
El mercado editorial cambió y ahora el foco es el escritor y no el lector, pues entonces quiero que sea el escritor de verdad y que todo el rédito se lo lleve el escritor. Quiero un sello no para ganar dinero, para eso tengo mi profesión, quiero algo sostenible y que ayude de verdad. Estoy en contacto con dibujantes, ilustradores, correctores, maquetadores, y diseñadores autónomos para cerrar acuerdos. Si todo va bien, querría hacer una revista, algún certamen. Etcétera. Pero antes quiero tener todo atado y que sea sostenible (aquí aparece mi vena financiera y profesional).
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