Tengo que empezar confesando algo: la comedia y el romance no son los géneros a los que suelo acercarme con más entusiasmo. Quienes conocéis mis libros ya sabéis por dónde acostumbro a moverme. Así que, cuando Rober me habló de una historia que reunía precisamente esas dos cosas, tuve mis reservas.
Ahora, con Cuarenta días y un culín terminada y firmada por los dos, reconozco que he disfrutado mucho ayudándolo con la trama. Nos ha quedado un libro muy simpático, ameno y lleno de cariño por Asturias, la tierrina que nos adoptó a ambos.
Una idea de Rober y dos referencias de cine
Rober tenía una idea inspirada en Ocho apellidos vascos y Bienvenidos al norte: esa clase de comedia en la que alguien llega a un lugar convencido de saber cómo funciona el mundo y descubre, bastante pronto, que allí sus certezas sirven de poco. Le apetecía trabajar el choque de costumbres, los malentendidos y el encuentro entre personas que, de entrada, parecen tener muy poco en común.
En nuestro caso, el centro tenía que estar aquí. En Asturias y en lo que hemos ido conociendo y queriendo de esta tierra. La forma de hablar, la vida de los pueblos, la lluvia, las carreteras que obligan a bajar la velocidad y esa cercanía que a veces abruma a quien llega de fuera. Todo eso podía darnos una historia con mucho humor y, también, con mucho sentimiento.
El cariño por la tierrina estuvo presente desde el principio. La comedia nace de lo que le ocurre al protagonista cuando intenta encajar sus planes en un sitio que tiene su propio ritmo.
Álex llega con una fecha de salida
Álex vive en Madrid, trabaja en marketing y acaba de heredar la casa de su abuelo en Sobrefoz, en el concejo de Ponga. Hay una condición: debe pasar allí cuarenta días antes de poder disponer de la propiedad. Su plan está bastante claro. Cumplir el plazo, vender y regresar a su vida.
Claro para él, al menos.
En Sobrefoz lo esperan vecinos que saben más de su familia que él mismo, una convivencia a la que tendrá que acostumbrarse y Aída, cuya música puede poner a prueba su paciencia desde primera hora de la mañana. Ella tiene su vida, su carácter y muy pocas ganas de acomodarlo todo a los gustos del recién llegado.
Entre los dos hay roces, diferencias musicales, orgullo y una atracción que complica bastante ese calendario tan bien organizado. Quería contaros un poco de qué va la novela, pero prefiero que descubráis leyendo hasta dónde los llevan esos cuarenta días.
Y yo terminé disfrutando de la comedia y del romance
Trabajar con Rober en esta trama me permitió entrar en un terreno al que probablemente no me habría lanzado sola. Me fui implicando en los personajes, en sus discusiones y en cómo iba cambiando su relación. Disfruté pensando con él qué podía pasarles y cómo hacer que el humor conviviera con lo que de verdad les importaba.
También hay nostalgia, familia y miedo a tomar decisiones. Álex tiene razones para querer volver a Madrid, y lo que empieza a sentir en Sobrefoz le obliga a mirar con más atención aquello que había pensado vender sin detenerse demasiado.
Al final, esta historia me ha hecho pasar muy buenos ratos. Es una lectura que apetece compartir, con personajes a los que les coges cariño y con una Asturias que hemos querido llevar al libro desde nuestra experiencia de vivir aquí.
Un regalo hasta el fin de campaña para quienes apoyéis AYALGA
Fin de campaña: 12 de octubre, 23:59 h
Hasta el 12 de octubre de 2026 a las 23:59 h (hora peninsular española), Cuarenta días y un culín estará disponible gratis en formato digital EPUB como agradecimiento extra para quienes ayudéis a hacer realidad AYALGA a través de su campaña.
Vuestra ayuda significa muchísimo para mí. Detrás de AYALGA hay trabajo, ilusión y una inversión que necesito poder sostener para sacar adelante el proyecto. Poder daros otra novela completa es una forma muy nuestra de agradecer esa confianza.
Durante octubre, vuestra aportación vendrá acompañada de una estancia en Sobrefoz, unas cuantas canciones y dos personas que tendrán que aprender a entenderse.
Tenéis toda la información y las opciones para participar en la campaña de AYALGA.
Gracias por ayudarnos a seguir contando historias.
Noemí Jovellanos
