Hoy quería hablaros con un poco más de calma de Heredera, una novela que he escrito junto a Rober Ortega-Ledesma y que ya ocupa un lugar muy especial entre nuestros libros.
La historia nos lleva hasta Pousadoiro, una pequeña aldea asturiana rodeada de montes, lluvia y recuerdos. Allí regresa Maida Riego Tamargo después de la muerte de su abuela Saturniana.
Maida es bióloga. Una mujer racional, acostumbrada a buscar explicaciones y a confiar en aquello que puede comprobar. Volver a la casa familiar debería servirle para ordenar recuerdos, cerrar una etapa y resolver todo lo que queda después de una pérdida. Sin embargo, el regreso termina abriendo una puerta que llevaba demasiado tiempo cerrada.
Unos cuadernos, unos sueños que parecen anticipar desgracias y una historia familiar enterrada durante generaciones obligarán a Maida a enfrentarse a una herencia que nunca imaginó recibir.
Una historia sobre lo que heredamos
Aunque Heredera contiene misterio e intriga sobrenatural, para mí su verdadero corazón está en la familia.
Todos heredamos cosas. Un apellido, una casa, ciertos gestos, recuerdos que ni siquiera son nuestros y silencios que pasan de una generación a otra. Algunas familias hablan de su pasado con naturalidad. Otras construyen su historia alrededor de aquello que nadie se atreve a contar.
Maida ha vivido lejos de Pousadoiro y de buena parte de sus raíces. Cuando vuelve, descubre que conocer a una persona no siempre significa conocer su historia. Saturniana era su abuela, pero también fue una mujer con sus propios miedos, decisiones y secretos.
La muerte no le permite despedirse de ella como habría querido. En cambio, le deja una serie de preguntas que la obligarán a reconstruir quién fue realmente.
Eso es parte de lo que queríamos explorar en esta novela: cuánto sabemos de las mujeres que vinieron antes que nosotros y qué ocurre cuando descubrimos que sus silencios también formaban parte de nuestra vida.
Asturias, lluvia y memoria
Asturias tiene mucho peso en Heredera. No queríamos utilizarla únicamente como un paisaje bonito, sino construir una atmósfera en la que la lluvia, los caminos, la iglesia, el puente de piedra y la casa familiar acompañaran el estado de ánimo de Maida.
Pousadoiro es un lugar ficticio, pero nace de muchas imágenes reconocibles. De esos pueblos donde todos parecen conocerse, donde una historia puede sobrevivir durante décadas y donde regresar después de muchos años provoca la extraña sensación de estar volviendo a casa y entrando en un lugar distinto al que recordabas.
La lluvia, además, envuelve toda la novela. Borra los contornos, despierta recuerdos y convierte el paisaje en una presencia constante.
Escribir Heredera con Rober
Escribir una novela a cuatro manos supone compartir ideas, personajes, dudas y decisiones durante todo el proceso. También significa aprender a mirar la misma historia desde perspectivas diferentes.
Rober y yo queríamos que el elemento sobrenatural estuviese presente sin borrar la parte más humana de la novela. Por eso Heredera habla también del duelo, de la culpa, de las relaciones familiares y de esa necesidad que tenemos de comprender de dónde venimos.
No es una novela de terror ni una historia de fantasía. Es un drama familiar rodeado de misterio, con secretos que llevan demasiado tiempo esperando y una protagonista que tendrá que decidir qué hacer con todo lo que acaba de descubrir.
Ahora que por fin puedo sostener el libro entre las manos, resulta inevitable pensar en todo el trabajo que existe detrás de cada página. Verlo terminado y saber que la historia de Maida ya puede llegar a otros lectores sigue siendo una de las partes más bonitas de publicar una novela.
Heredera ya está disponible en Amazon, tanto en formato digital como en papel.
Espero que os animéis a viajar hasta Pousadoiro y a descubrir qué llevaba tantos años ocultando la familia de Maida.
