Katoh es uno de esos autores que no parecen interesados en permanecer demasiado tiempo dentro de una sola etiqueta. Thriller, investigación criminal, zombis, humor, historias personales y mundos completamente nuevos forman parte de un catálogo que ha construido desde la autopublicación.
Su trabajo no termina cuando escribe la última frase. Como autor independiente, también se ocupa de editar, maquetar y preparar sus libros para que lleguen a los lectores. Un camino que ofrece libertad, pero que exige asumir una cantidad de trabajo que muchas veces permanece invisible.
En sus redes se presenta como un «escritor autopublicado en prácticas», una definición que encaja bien con su manera de afrontar la literatura. Katoh escribe por curiosidad, para comprobar hasta dónde puede llegar y porque todavía conserva muchas historias dentro de la cabeza. También lo hace como una forma de terapia y de mantenerse en pie frente a las hostias que da la vida.
En esta entrevista hablamos sobre el origen de su nombre, su ritmo creativo, Laia Aduriz, la autopublicación, las reseñas negativas, la inteligencia artificial y los proyectos que ya está preparando.
Para empezar por el principio, ¿quién es Javi Katoh cuando no está escribiendo?
—Alguien que intenta seguir en pie a pesar de las hostias que da la vida.
¿De dónde sale el nombre «Katoh»?
—Es un mote que me puso un compañero durante la ESO y que terminó quedándose conmigo.
¿Cuándo empezaste a escribir y en qué momento decidiste que querías publicar?
—Empecé a escribir a finales de 2024. La decisión de publicar llegó a finales de 2025.
¿Qué autores, libros o películas han influido más en tu forma de contar historias?
—No destacaría ningún libro en particular. Supongo que me han influido todas las series y películas que he visto y que, de una manera u otra, me han gustado o me han dejado huella.
Has publicado bastante y en géneros distintos. ¿Cómo consigues mantener ese ritmo creativo?
—No tengo una fórmula concreta, aunque creo que ese ritmo ya empieza a flaquear un poco. Normalmente me siento, empiezo a escribir y dejo que todo fluya.
¿Escribes todos los días o trabajas por rachas?
—Normalmente escribo todos los días.
Cuando empiezas una novela, ¿lo tienes todo planificado o descubres la historia mientras escribes?
—Trabajo mitad y mitad. Hay una parte que tengo planificada y otra que voy descubriendo a medida que escribo.
¿Qué suele aparecer primero: un personaje, una escena o una idea?
—Lo primero que suele aparecer es el concepto general del libro.
¿Por qué te gusta moverte entre géneros diferentes en lugar de quedarte en uno solo?
—Por curiosidad y por comprobar si soy capaz de desenvolverme en géneros diferentes.
Si alguien nunca hubiera leído nada tuyo, ¿con qué libro le recomendarías empezar y por qué?
—Dependería mucho del género que le guste a esa persona. Si tuviera que escoger únicamente uno por su historia, le recomendaría ¡No saltes!.
¿Hay alguna novela tuya a la que tengas especial cariño aunque no sea la más conocida?
—Sí, Éxodo Z.
¿Cómo nació Laia Aduriz, protagonista de La firma del asesino?
—Quería crear una mujer joven y competente que pudiera servir como ejemplo y que fuese superándose a lo largo de la novela.
¿Qué te interesa especialmente del thriller y de la investigación criminal?
—No hay un aspecto concreto que me interese por encima de los demás. Es un género que he consumido mucho y quería comprobar qué podía aportar si lo hacía a mi manera.
¿Tenías claro desde el principio que Laia tendría continuidad en más novelas?
—No. Escribí la secuela porque me insistieron para que continuara su historia.
La insólita vida sexual de un tipo gordo parece una obra especialmente personal. ¿Cuánto hay de ti dentro de ese libro?
—Aproximadamente un noventa por ciento. Es algo que ya he contado en varias ocasiones. La parte más dura de la historia es la mía. La parte bonita, básicamente, es la que no lo es.
¿Fue difícil exponerte emocionalmente en una historia así?
—No. Lo realmente difícil fue tener que censurar algunas partes y decidir qué cosas debía dejar fuera.
¿Qué libro tuyo ha sido el más difícil de escribir y cuál ha sido el más divertido?
—El más difícil fue Colmillos rotos, por todo el mundo que tuve que crear y desarrollar. El más divertido, probablemente, fue Filos prohibidos.
Como autor independiente, ¿qué es lo mejor y lo peor de la autopublicación?
—Lo mejor es la libertad. Lo peor es todo el trabajo que implica y la escasa validación externa que recibimos los autores autopublicados.
¿Crees que todavía existen prejuicios hacia los autores autopublicados?
—Sí, todavía existen muchos prejuicios.
¿Qué error cometiste al principio que ahora jamás volverías a cometer?
—Hacer las cosas mal por cabezonería. Por ejemplo, no prestar suficiente atención a determinadas reglas ortográficas.
¿Cómo llevas las reseñas negativas? ¿Te afectan o has aprendido a relativizarlas?
—Las llevo mal. No gustan y es difícil que no afecten. Por suerte, solo he recibido dos reseñas negativas y únicamente una de ellas fue realmente mala.
¿Qué relación tienes con las redes sociales? ¿Te ayudan realmente a llegar a lectores?
—Creo que tengo una buena relación con ellas, aunque sospecho que muchos estarán ya un poco hartos de mí. Sí considero que me han ayudado a llegar a personas a las que nunca pensé que podría alcanzar.
¿Cómo ves la inteligencia artificial aplicada al mundo de la escritura?
—Mientras no se utilice para escribir la obra en sí, me parece bien. Como herramienta de ayuda para el resto del proceso, puede ser muy útil.
¿Qué estás escribiendo ahora y qué podemos esperar de tus próximos proyectos?
—El 23 de septiembre se publicará el último libro que he escrito. Además, estoy empezando a trabajar en la secuela de La traición del sol.
Para terminar, después de tantos libros, ¿por qué sigues escribiendo?
—Porque todavía quedan historias dentro de mi cabeza y, sobre todo, porque escribir también es una forma de terapia.
Un autor que sigue probándose a sí mismo
Las respuestas de Katoh dibujan a un autor que entiende la escritura como una mezcla de curiosidad, libertad y resistencia. No busca instalarse en un único género ni seguir una fórmula determinada. Cada libro supone una oportunidad para comprobar si es capaz de enfrentarse a una historia distinta.
Su trayectoria también muestra la parte menos visible de la autopublicación: escribir es solo una parte del proceso. Detrás de cada novela existen horas de corrección, edición, maquetación, promoción y aprendizaje. Aun así, Katoh continúa escribiendo porque todavía conserva historias que quiere contar y porque la literatura le ofrece un espacio en el que procesar sus propias experiencias.
Gracias a Katoh por responder con sinceridad y sin adornos innecesarios. Estaremos atentos a su próxima publicación del 23 de septiembre y a esa futura continuación de La traición del sol.
