Hay personas a las que vemos todos los días y aun así nunca terminamos de conocer. Compartimos una casa, una cama, planes, secretos y pequeñas costumbres. Después basta un detalle fuera de lugar para que todo lo que creíamos saber se tambalee.
De esa incomodidad nació La otra pareja, una novela que escribí junto a Rober Ortega-Ledesma y que empezó con una pregunta bastante sencilla: ¿hasta qué punto podemos conocer íntimamente a una persona sin saber realmente quién es?
Cuatro personas y unas reglas que parecían suficientes
Sofía y Ernesto llevan once años juntos. Se quieren, se conocen bien y su relación no está rota. Precisamente porque existe confianza entre ellos, deciden explorar una fantasía que hasta entonces solo habían comentado: entrar en un club de intercambio de parejas.
Allí conocen a Úrsula y Carlos. Son atractivos, divertidos, desinhibidos y parecen comprender sin esfuerzo el tipo de relación que Sofía y Ernesto quieren mantener. Lo que comienza como una experiencia puntual se convierte en una complicidad de cuatro: cenas, mensajes, bromas privadas y una cercanía que va creciendo casi sin que nadie decida del todo hasta dónde quiere llegar.
Para mí era importante que esa primera parte tuviera luz. Quería que el lector disfrutara con ellos, que entendiera la curiosidad de Sofía y Ernesto y que la atracción resultara creíble. Si todo hubiese olido a peligro desde el principio, la historia habría perdido buena parte de su fuerza.
Cuando el deseo empieza a cambiar de forma
El problema aparece cuando una experiencia compartida deja de ser solamente física. Sofía empieza a mirar a Carlos de otra manera y las reglas que parecían tan claras ya no sirven para ordenar lo que siente.
La sexualidad está muy presente en la novela, pero no es el monstruo de la historia. No quería castigar a los personajes por explorar ni convertir el intercambio de parejas en una advertencia moral. El verdadero peligro nace de las identidades, de las mentiras y de la facilidad con la que alguien puede construir una versión de sí mismo lo bastante convincente como para entrar en la vida de otra persona.
Ese contraste sostiene todo el libro: durante una parte, el cuerpo es deseo, descubrimiento y confianza; más adelante se convierte en frío, cansancio, dolor y supervivencia.
Una cabaña en los Picos de Europa
Úrsula y Carlos invitan a Sofía y Ernesto a pasar un fin de semana en una cabaña aislada en los Picos de Europa. La propuesta tiene todo lo necesario para resultar irresistible: paisaje, chimenea, vino, intimidad y la sensación de que el resto del mundo ha quedado lejos.
También tiene mala cobertura, kilómetros de montaña alrededor y una noche demasiado fría para cometer un error.
A partir de ahí, La otra pareja cambia de piel. El relato íntimo y adulto abre paso a un thriller psicológico y de supervivencia en el que el entorno pesa tanto como las personas. La montaña no funciona como un decorado bonito. Obliga a tomar decisiones, castiga cada minuto perdido y puede cerrar el camino incluso cuando nadie lo está vigilando.
Nos interesaba mucho ese salto. Pasar de una habitación cálida, una conversación y una copa a la piedra, la oscuridad y la necesidad de seguir avanzando unos metros más. La historia se va estrechando hasta que todo lo que importa cabe en una pregunta: ¿en quién puedes confiar cuando acabas de descubrir que parte de tu vida se sostenía sobre una mentira?
Escribirla entre dos
Rober y yo trabajamos la novela buscando un equilibrio muy concreto. La parte emocional tenía que sostener el thriller, y la tensión física tenía que nacer de decisiones comprensibles. Queríamos personajes adultos, contradictorios y capaces de equivocarse sin convertirse por ello en caricaturas.
También revisamos mucho la transformación del tono. La novela debía empezar casi como un cuento de hadas para adultos y terminar en un lugar completamente distinto sin parecer dos libros pegados. Las mismas miradas, silencios y promesas que primero resultan excitantes van adquiriendo otro significado cuando el lector entiende que no todos han llegado a la cabaña con la misma verdad.
Cuatro sombras. Un mismo abismo.
La frase de la cubierta resume el corazón del libro. La otra pareja habla del deseo y de los límites que creemos controlar, pero sobre todo habla de aquello que escondemos incluso cuando alguien se encuentra muy cerca.
Es un thriller para quienes disfrutan de las historias que cambian delante de sus ojos: primero seducen, después inquietan y finalmente obligan a correr.
Si alguna vez habéis sentido que una persona podía resultar familiar y desconocida al mismo tiempo, entenderéis muy pronto por qué esta historia no podía llamarse de otra manera.
