Hay historias que nacen con un destino claro y otras que van pidiendo sitio hasta encontrarlo. Las seis de Garayo pertenece a las segundas.
Empezó como una idea para la que iba a ser la cuarta novela de Elena Carrasco. Tenía una base ya construida, una investigación potente y el eco incómodo de Juan Díaz de Garayo, el Sacamantecas. Por eso fue un libro rápido de escribir, al menos comparado con otros proyectos que me obligan a levantarlo todo desde los cimientos.
Cuando decidí llevar la saga por otros caminos, aquella historia se quedó fuera. Me daba pena guardarla en una carpeta, porque seguía pareciéndome demasiado buena para dejarla pasar. Así que la separé por completo del universo de Elena, la trasladé a Álava, reconstruí el equipo investigador y cambié toda su lógica interna. De la primera base quedó el impulso. El resto fue creciendo hasta convertirse en Las seis de Garayo.
Escribir en mitad de otros mundos
Pasé noches, mañanas y todos los ratos libres que pude robándoles horas a otras cosas. Por entonces también había empezado Ayalga y Vestigia I: El legado del Reino, de modo que mi escritorio era una acumulación de notas, mapas, documentos abiertos y personajes reclamando atención.
Durante unas semanas me centré en Las seis de Garayo hasta terminarla. Después llegaron las lecturas completas, los análisis, las correcciones y los pulidos. Revisé la cronología, la investigación policial, los lugares y la parte histórica tantas veces como hizo falta. Cuando cerré la última revisión sentí que había quedado como yo quería. Era exactamente el libro que tenía en la cabeza.
¿Qué cuenta Las seis de Garayo?
Álava, 2026. Una serie de asesinatos recupera con una crudeza inquietante la firma de Juan Díaz de Garayo, uno de los criminales más temidos del siglo XIX.
Ane e Iker se ponen al frente de una investigación que los llevará por Vitoria-Gasteiz, La Llanada Alavesa y Egilaz. A medida que avanzan, los hechos históricos, la leyenda popular y la puesta en escena de un asesino contemporáneo empiezan a mezclarse.
Es una novela negra de ritmo rápido, con una investigación muy presente, un territorio que pesa en cada capítulo y una pregunta que atraviesa toda la historia: ¿qué ocurre cuando alguien decide apropiarse de una leyenda y reescribirla con nuevas víctimas?
El hombre detrás del Sacamantecas
Juan Díaz de Garayo nació en Egilaz, Álava, en 1821. Estuvo ligado a la vida rural de La Llanada y cometió varios asesinatos y agresiones contra mujeres entre 1870 y 1879. Acabó detenido y fue ejecutado mediante garrote vil en Vitoria el 11 de mayo de 1881.
Con el tiempo, su nombre quedó mezclado con el Sacamantecas de la tradición popular, esa figura utilizada durante generaciones para asustar a los niños. Conviene separar los documentos de la leyenda: no está acreditado que Garayo extrajera de forma sistemática la grasa de sus víctimas.
Precisamente esa distancia entre el hombre real y el monstruo construido por el rumor fue una de las cosas que más me interesó al escribir. Las seis de Garayo transcurre en la actualidad y utiliza aquella memoria como punto de partida para una historia completamente ficticia. Garayo permanece al fondo, como una sombra histórica que alguien pretende devolver al presente.
Una coincidencia cinematográfica
Y aquí llega una de esas casualidades que parecen preparadas. El próximo 6 de noviembre se estrenará en cines Sacamantecas, dirigida por David Pérez Sañudo y protagonizada por Antonio de la Torre y Patricia López Arnaiz. La película viaja a la Álava de finales del siglo XIX y aborda la figura de Juan Díaz de Garayo desde su propia época.
Me resulta curioso que ambas historias coincidan en el tiempo, porque comparten territorio y personaje histórico, aunque toman caminos muy distintos. La película mira al hombre y al mundo en el que vivió. Mi novela salta hasta 2026 y se pregunta qué puede hacer otra persona con el eco que dejó.
Ya disponible en Amazon
Al final decidí no dejarla esperando más. Las seis de Garayo ya está publicada en Amazon y puede encontrarse en tapa dura, tapa blanda y formato digital.
Quería que cada lector pudiera elegir cómo entrar en la historia: con una edición resistente para conservar, con la comodidad de la tapa blanda o llevándola directamente en su lector electrónico.
Las seis de Garayo nació en un rincón prestado de otra saga y acabó ganándose un lugar propio. Quizá por eso le tengo un cariño especial: me obligó a soltar el mapa que había dibujado y a seguir el camino que pedía la historia.
Ya podéis encontrarla en Amazon en cualquiera de sus tres ediciones. Ahora solo falta que Garayo vuelva a llamar a otra puerta.
